Despertar
En la parte anterior llegamos a dos preguntas:
¿Puedo vivir sin eso?
¿Puedo encontrarlo sin perseguir a esa persona?
Quizás mientras las leías sentiste que, por fin, habías encontrado una salida.
Si aquello que buscabas en esa persona —sentirte querido, escuchado, deseado, acompañado, importante, seguro— no dependía exclusivamente de ella, entonces parecía lógico pensar que podrías encontrarlo en otros lugares.
Y sí.
Puedes.
Pero aquí aparece una nueva trampa.
Una trampa mucho más silenciosa.
Porque podrías pasar de pensar:
“Necesito encontrarlo en esa persona”
a pensar:
“Necesito encontrarlo en alguna parte.”
Y entonces vuelves a buscar.
Solo que ahora buscas en otro lugar.
Otra persona.
Otra relación.
Otra compañía.
Otra experiencia.
Otra fuente de reconocimiento.
Otra cosa que te haga sentir bien.
Y quizás ni siquiera te das cuenta de que sigues dentro de la misma habitación.
Solo cambiaste de pared.
La oscuridad
Imagina que llevas mucho tiempo en una habitación oscura.
Al principio creíste que la única salida estaba junto a esa persona.
Por eso regresabas una y otra vez.
Mirabas sus fotografías.
Esperabas sus mensajes.
Revisabas sus redes.
Buscabas señales.
Recordabas.
Imaginabas.
Intentabas recuperar aquello que habías perdido.
Hasta que comenzaste a comprender algo:
quizás no estabas buscando realmente a la persona.
Estabas buscando aquello que sentías cuando estabas con ella.
Y entonces viste una puerta.
Parecía la salida.
Pero antes de cruzarla apareció otra idea:
“Si necesito sentir eso, entonces tengo que encontrarlo en otro lugar.”
Y vuelves a correr.
Buscas otra persona.
Otra relación.
Otra experiencia.
Otra manera de sentirte querido.
Otra manera de sentirte acompañado.
Otra manera de sentirte importante.
Otra manera de sentirte bien.
Y sigues corriendo por la misma habitación.
Porque todavía hay algo que no has visto.
Despertar
Despertar no significa simplemente descubrir que puedes obtener en otro lugar aquello que antes obtenías de esa persona.
Eso es importante.
Pero todavía falta algo.
Has estado intentando durante todo este tiempo obtener algo de ese lugar.
Primero pensaste que aquello que buscabas era imprescindible para ti.
Después pensaste que, si era imprescindible, tenías que encontrarlo ahí.
Y cuando ese lugar desapareció, comenzó la desesperación.
Porque si lo necesitas y ya no está ahí, entonces tienes que encontrarlo en otra parte.
Pero…
¿Y si ninguna de esas dos cosas fuera completamente cierta?
¿Y si aquello que creías imprescindible no lo fuera?
¿Y si puedes querer sentirte amado sin necesitar sentirte amado todo el tiempo?
¿Y si puedes desear compañía sin necesitar compañía inmediatamente?
¿Y si puedes querer una relación sin necesitar estar en una relación para poder vivir?
¿Y si puedes sentir tristeza sin tener que hacer algo inmediatamente para dejar de sentirla?
Eso también es despertar.
Es mirar nuevamente aquello que dabas por cierto.
Y descubrir que quizás había más posibilidades de las que imaginabas.
No necesitas estar bien para estar bien
Vivimos rodeados de mensajes que, muchas veces con buenas intenciones, nos dicen:
“Sé feliz.”
“Piensa positivo.”
“Sal adelante.”
“Haz cosas que te hagan bien.”
“Encuentra a alguien que te haga feliz.”
Y poco a poco podemos aprender una regla:
“Si no estoy bien, tengo que hacer algo para estar bien.”
Entonces comienza otra persecución.
Si estoy triste, tengo que dejar de estar triste.
Si estoy solo, tengo que encontrar compañía.
Si extraño, tengo que distraerme.
Si me siento vacío, tengo que llenarme.
Si no tengo pareja, tengo que encontrar una.
Pero quizás hay algo que necesitamos aprender:
está bien estar mal.
No porque el sufrimiento sea deseable.
No porque debamos quedarnos ahí.
Sino porque sentir algo no significa que tengamos que eliminarlo inmediatamente.
Puedes estar triste y continuar.
Puedes extrañar y no escribir.
Puedes sentir soledad y no correr desesperadamente hacia alguien.
Puedes tener un día malo sin convertirlo en una emergencia.
No necesitas estar bien para poder seguir viviendo.
Y cuando descubres eso, algo cambia.
Ya no necesitas que cada emoción incómoda desaparezca para poder continuar con tu vida.
Abrir los ojos
Despertar tampoco significa decir:
“Ya no necesito nada.”
No.
Podemos necesitar afecto.
Podemos disfrutar de la compañía.
Podemos querer sentirnos queridos.
Podemos desear una relación.
Podemos tener proyectos, sueños y deseos.
La diferencia está en otra parte.
En vez de vivir diciendo:
“Necesito conseguir esto para poder estar bien”,
puedes comenzar a decir:
“Me gustaría vivir esto, pero mi vida no depende de que ocurra.”
Y entonces el mundo comienza a hacerse más grande.
Ya no existe una sola persona.
Ya no existe una sola relación.
Ya no existe una sola manera de sentirse acompañado.
Ya no existe una sola forma de sentirse querido.
Pero tampoco existe la obligación de reemplazar inmediatamente lo que perdiste.
Puedes buscar.
Puedes encontrar.
Puedes esperar.
Puedes aceptar.
Puedes disfrutar.
Puedes extrañar.
Y puedes continuar.
Hay algo más allá de esa persona
Quizás eso sea lo verdaderamente esperanzador de despertar.
No que finalmente encuentres otra fuente que te dé exactamente lo mismo.
Sino que descubras que tu vida puede ser mucho más grande que aquello que estabas intentando obtener.
Quizás puedas encontrar cariño en una amistad.
Quizás puedas descubrir nuevas personas.
Quizás puedas recuperar actividades que habían quedado asociadas a tu relación.
Quizás aparezcan nuevos proyectos.
Quizás vuelvas a enamorarte.
Quizás no.
Pero tu vida no tiene que convertirse en una búsqueda permanente de aquello que te haga sentir bien.
Porque vivir no consiste solamente en conseguir las experiencias que deseamos.
También consiste en aprender a vivir cuando esas experiencias no están.
Hay días felices.
Hay días tristes.
Hay días de soledad.
Hay días de entusiasmo.
Hay días en que extrañas.
Y hay días en que simplemente estás.
Todo eso también es vivir.
La persona se fue. Pero tú no.
Tal vez esta sea una de las cosas más importantes que puedes descubrir cuando finalmente despiertas.
La persona se fue.
La relación terminó.
Algunos proyectos cambiaron.
Algunos lugares quedaron llenos de recuerdos.
Algunas cosas que imaginabas para tu futuro ya no ocurrirán de la manera que habías pensado.
Pero hay algo que permanece.
Tú.
Y quizás desapegarte no consista en encontrar rápidamente algo que ocupe el lugar que dejó esa persona.
Quizás consista en dejar de vivir buscando permanentemente algo que ocupe ese lugar.
Porque cuando dejas de necesitar que algo ocurra para poder estar bien, el mundo deja de ser una habitación pequeña en la que buscas desesperadamente una salida.
La puerta siempre estuvo ahí.
Solo necesitabas abrir los ojos.
Y tal vez eso sea despertar:
descubrir que existen muchas maneras de encontrar aquello que alguna vez buscaste en esa persona, pero también descubrir que existen muchas otras maneras de construir tu vida que no tienen nada que ver con encontrarlo.
No necesitas reemplazar.
No necesitas llenar.
No necesitas escapar.
Puedes simplemente comenzar a vivir.
Pero entonces…
Después de despertar, puede ocurrir algo desconcertante.
Puedes saber que esa persona ya no está.
Puedes saber que no necesitas obtener de ella aquello que buscabas.
Puedes saber que existen otras posibilidades.
Puedes incluso comprender que está bien sentirte mal.
Y, sin embargo…
sigues mirando sus fotografías.
Sigues revisando sus redes.
Sigues esperando un mensaje.
Sigues buscando señales.
Sigues imaginando que volverá.
Sigues haciendo cosas que, aunque sea por unos minutos, te llevan nuevamente hacia aquello que estás intentando soltar.
Entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Para qué sigo haciendo esto?
¿Qué estoy obteniendo cuando lo hago?
¿Qué ocurre después?
¿Por qué, aun sabiendo todo lo que ahora sé, esta conducta sigue apareciendo?
Quizás para responder esas preguntas tengamos que mirar algo que hasta ahora hemos observado sin nombrarlo.
La función de nuestra conducta.
Y ahí comienza la Parte 8.
muchas gracias por toda está información que compartes, me ha servido muchísimo.
hoy creo que es uno de esos días en los que no me he sentido bien, he tenido deseos de bloquearlo, siento que eso ayudaría a matar la esperanza que aún sale algunos días; pero no quiero tomar decisiones por impulso, quiero permitirme sentir sin reaccionar como lo he visto en este viajé del desapego.
con base en ello, creo que hoy me tomaré un descanso, llegaré a casa comeré algo rico y me permitiré sentir está tristeza y confusión que siento 😓😓😓😓😓
Gracias a ti por compartir algo tan personal. ❤️
Y fíjate en algo muy importante de lo que acabas de escribir: hoy no te sientes bien, apareció la tristeza, la confusión y también las ganas de bloquearlo… pero no corriste inmediatamente a hacer algo con todo eso.
Te detuviste.
Te permitiste sentir.
Y decidiste cuidarte en lugar de reaccionar impulsivamente.
Eso también es parte del viaje del desapego. No significa que algunos días no duelan, que no aparezca la esperanza o que no tengas ganas de hacer algo para dejar de sentir. Significa que poco a poco empiezas a aprender que «sentir algo no te obliga a actuar inmediatamente sobre eso».
Quizás hoy no necesitas resolver nada. Quizás simplemente necesitas llegar a casa, comer algo rico, descansar y permitirte atravesar este día.
Y mañana será otro día.
Sigue haciendo este viaje. ❤️
Y ojo, porque en la próxima parte vamos a empezar a mirar algo todavía más interesante: ¿Por qué si ya entendí me sigo apegando?.
Te espero en la siguiente parte.
Estoy transitando todo ésto y descubro que el dolor ya no me supera, puedo leer y reflejarme en muchos de los ejemplos que das y me doy cuenta de cómo me fui olvidando de mí y cómo fui depositando en un otro, la responsabilidad de mi «bienestar».
Me permito estar triste y me permito llorar, pero no por tanto tiempo…ya tengo 63 años , he estado en pausa mucho tiempo y todo en mí tuvo cambios, todo me dice que estoy cerca de retomar el resto de la vida que me quede.
Gracias infinitas Hugo!🌹
Qué hermoso leerte. Y creo que hay una frase tuya que resume algo muy importante de esta parte:
“Me fui olvidando de mí y fui depositando en otro la responsabilidad de mi bienestar.”
Eso que acabas de descubrir es, en cierta forma, despertar.
No significa dejar de sentir tristeza, ni dejar de extrañar, ni obligarte a estar bien.
Significa comenzar a darte cuenta de que tu bienestar no puede quedar completamente en manos de otra persona.
Y me parece especialmente hermoso que digas:
“Me permito estar triste y me permito llorar.”
Porque quizás de eso también se trata despertar: dejar de pelear con lo que sentimos.
Puedes estar triste y continuar.
Puedes llorar y continuar.
Puedes extrañar y continuar.
No necesitas estar bien para seguir viviendo.
Y después de tanto tiempo en pausa, quizá no tengas que recuperar la vida que tenías antes.
Quizás tengas que descubrir la vida que todavía puedes construir desde ahora.
Porque 63 años no son el final de una historia.
Son parte de la historia que todavía estás escribiendo.
Y cuando dices que sientes que estás cerca de “retomar el resto de la vida que te quede”, creo que hay algo muy poderoso ahí:
«la persona puede haber sido parte de tu vida, pero no tiene por qué ser el límite de tu vida.»
Gracias a ti por compartir este pedacito de tu camino. 🌹