El maravilloso viaje del desapego [PARTE 1]

Cuando esa persona no significaba nada para ti

Quiero pedirte algo antes de comenzar.

No pienses todavía en la ruptura.

No pienses en el último mensaje, en la discusión final ni en ese día en que todo terminó.

Viaja mucho más atrás.

Hasta un momento en el que esa persona no significaba absolutamente nada para ti.

Sí, hubo un tiempo en que existía y tú ni siquiera lo sabías. Caminaba por las mismas calles, respiraba el mismo aire, tenía sus propios problemas, sus propias alegrías, sus propios planes… y, sin embargo, para tu organismo era exactamente igual que cualquier otra persona del mundo.

Podía pasar frente a ti y tu corazón no cambiaba de ritmo.

Podía escribirte o no escribirte, aparecer o desaparecer, y nada importante ocurría dentro de ti.

No había ansiedad.

No había ilusión.

No había miedo a perderla.

No había necesidad de verla.

Simplemente… era alguien más.

¿Lo recuerdas?

Tal vez nunca te habías detenido a pensar en ello, pero ese recuerdo contiene una de las claves más importantes para comprender el amor… y también para comprender el desapego.

Porque entonces ocurrió algo.

La conociste.

Y comenzaron a suceder cosas aparentemente pequeñas.

Conversaciones.

Miradas.

Risas.

Mensajes.

Encuentros.

Abrazos.

Momentos de compañía.

Proyectos compartidos.

Sin darte cuenta, tu organismo comenzó a aprender.

Cada experiencia agradable fue estableciendo una asociación. Poco a poco, esa persona dejó de ser un rostro cualquiera y empezó a convertirse en una señal de bienestar, de seguridad, de alegría, de calma, de ilusión.

No ocurrió de un día para otro.

Nadie se enamora en un instante.

El enamoramiento es, en gran medida, un proceso de aprendizaje.

En psicología sabemos que el organismo aprende constantemente a asociar unos estímulos con otros. Aquello que repetidamente se relaciona con experiencias agradables comienza a adquirir un valor emocional propio.

Eso fue exactamente lo que ocurrió.

Ya no era solamente una persona.

Era la persona que anunciaba un abrazo.

La que anticipaba una conversación que te hacía sonreír.

La que aparecía cuando te sentías comprendido.

La que daba sentido a muchos de tus días.

Tu organismo aprendió que estar cerca de ella era valioso.

Y cuando un organismo aprende algo tan importante, comienza a responder de manera diferente.

Por eso empezabas a alegrarte cuando sonaba el teléfono.

Por eso una simple notificación podía cambiar tu estado de ánimo.

Por eso la distancia empezaba a doler.

No era magia.

No era destino.

Era aprendizaje.

Quizás esta manera de entender el amor te parezca menos romántica.

Para mí ocurre exactamente lo contrario.

Porque comprender cómo aprendemos a amar significa comprender que no estás roto.

No estás condenado.

No hay nada extraño en lo que te ocurre.

Tu organismo hizo exactamente aquello para lo que está diseñado: aprender.

Y si fue capaz de aprender a otorgarle un significado emocional tan profundo a esa persona, también posee la capacidad de aprender algo nuevo.

Tal vez esa sea la idea más esperanzadora de todas.

Porque superar una ruptura no consiste en olvidar a alguien.

Consiste en ayudar a tu organismo a volver, o al menos aproximarse, al punto en que esa persona no tenía un significado emocional especial para ti.

No para borrar la historia.

No para negar lo vivido.

Sino para que esa persona deje de gobernar tus respuestas emocionales y puedas recuperar la libertad con la que alguna vez comenzaste.

Antes de despedirme, quiero decirte algo.

Si hoy sientes que tu vida gira alrededor de esa persona, probablemente te cueste creer que algún día dejará de ser así.

Lo entiendo.

Durante más de diez años he acompañado a personas que, al comenzar terapia, estaban convencidas de que jamás volverían a sentirse en paz. Pensaban que siempre vivirían pendientes de un mensaje, de una llamada, de un recuerdo o de la esperanza de volver.

Y, sin embargo, una y otra vez he visto cómo el organismo es capaz de aprender de nuevo.

No porque olvide.

No porque borre los recuerdos.

Sino porque deja de responder con la intensidad con que respondía antes.

Ese cambio no ocurre por fuerza de voluntad.

Ocurre cuando comprendemos cómo funciona el aprendizaje y dejamos de luchar contra el proceso natural mediante el cual el organismo vuelve a encontrar el equilibrio.

Si hoy estás sufriendo, quiero que recuerdes una sola cosa: hubo un tiempo en que esa persona no despertaba en ti ninguna respuesta emocional especial. Tu organismo supo estar en ese lugar una vez y, mediante un nuevo aprendizaje, puede aproximarse nuevamente a ese estado de libertad.

Ese es, precisamente, el maravilloso viaje del desapego.

Continuará…

En la Parte 2 responderemos una pregunta fundamental:

¿Qué aprendió realmente tu organismo cuando te enamoraste?

Comprender esa respuesta cambiará la manera en que entiendes el amor, el apego y el proceso de superar una ruptura.

Cada semana compartiré una nueva entrega de El maravilloso viaje del desapego, junto con reflexiones y herramientas para ayudarte a recuperar tu tranquilidad y tu libertad emocional.

Y si sientes que este proceso es demasiado difícil para recorrerlo solo, me encantará acompañarte. Desde hace más de diez años trabajo ayudando a personas que atraviesan una ruptura de pareja, comprendiendo cómo funciona su organismo y construyendo, paso a paso, un nuevo aprendizaje que les permita recuperar la paz y volver a vivir con libertad.

Nos vemos en la Parte 2.

 
 
 
 

4 comentarios en «El maravilloso viaje del desapego [PARTE 1]»

  1. Este breve viaje al pasado guiado por ti es un suspiro de alivio: gracias. Pude recordar como fue mi vida antes de esa primera vez y anhelo volver a sentir esa calma y hasta esa indiferencia. Espero la parte 2 por favor 1🙏

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  2. Jamás se me había ocurrido, retroceder el tiempo y hacer éste razonamiento. Bueno, por eso te sigo, eres el mejor! Lo encontré fantástico y hasta sentí calma. Espero con ansias la 2a parte.

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