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¿Te has preguntado qué estilo de apego tienes tú?

Cuando estabas en el vientre de tu madre, todo era seguridad, gozabas de protección y plena sintonía con los ritmos biológicos de tu creadora, y en condiciones normales recibías lo que necesitabas para poder crecer. La conexión era segura, gozabas de una permanente sintonía desde y hacia las redes nerviosas de esta mujer y también de su protección permanente, es decir, podías confiar en estar ahí.

Sin embargo tu viaje por la vida implicó nacer, y nacer implicó la desconexión y la pérdida de esa seguridad.

¿Qué sucedió entonces?

Tu maravilloso sistema nervioso, con todos los recursos con que venía ya desarrollado dentro de ti, se puso en acción para retomar la conexión, haciendo un épico primer esfuerzo para recuperar la seguridad, en una activación de todos tus sistemas de alarma disponibles empleados en uno de los momentos de más alto estrés que tendrías que enfrentar en la vida, y entonces rompiste en llanto hasta que se re-estableció la conexión, al volver a estar con tu cuerpo en el pecho de tu madre. En ese momento tu sistema nervioso a través de todos los sensores corporales ya disponibles, detectaron un ritmo cardíaco conocido, un olor familiar, una frecuencia respiratoria a la que ya te habías acostumbrado a sentir. Y aunque estabas fuera del vientre materno, y aunque tu cerebro aún no te permitía entender ni expresar lo que sucedía o como te sentías, la conexión ya se había re-establecido, tu sistema de apego había cumplido su primera misión: volver a encontrar una base y un refugio en la vida. Entonces te volviste a calmar, tu llanto cesó y tu sistema nervioso se volvió a relajar, todo estaba bien otra vez.

Desde ese día tu sistema de apego continuó haciendo lo mismo, movilizándote para conectar con las personas que te cuidaban y así sentir seguridad, buscaste las miradas, las caricias y también el cuidado ante situaciones de peligro, intentaste compartir emociones y luego, cuando tu cerebro se fue desarrollando, comenzaste a hablar y a expresar ideas y palabras para poder conectar cada vez mejor con las personas a tu alrededor, en tu hogar.

Esta búsqueda de conexión (el apego) que fuiste haciendo, tuvo una contraparte: tus cuidadores, las personas que te acompañaron en ese tiempo, cuando aprendías a conectar y hacia quienes tus señales de conexión iban dirigidas. Entonces tu forma de conectar (tu estilo de apego) fue adoptando una forma particular,  perfectamente adaptada a la manera en que tus señales eran recibidas, dejando una huella de aprendizaje que se mantendría hasta hoy que estas leyendo estas líneas.

 

Apego seguro

apego seguro

Si tus esfuerzos por establecer conexión con tus cuidadores fueron exitosos, entonces tu forma particular de conectar con otros fue moldeada por una experiencia de seguridad, y desde ese momento comenzaste a sentir y a pensar que las interacciones con otros, y las relaciones podrían ser algo confiable.

El apego seguro es el resultado de una crianza caracterizada principalmente por ser respetuosa, donde los intentos del niño de «apegarse» fueron recibidos con una buena sintonía, estabilidad y seguridad, sin maltratos y con una profunda dedicación al cuidado y a la comprensión y satisfacción de sus necesidades.

El resultado es un adulto con  Apego seguro: Se siente confortable y amar en una relación le es natural y espontáneo. Disfruta de la intimidad sin llegar a sentirte preocupado(a) en exceso acerca de tus relaciones. Avanza con seguridad y decisión y no se irrita fácilmente por temas de la relación. Comunica de manera efectiva sus deseos, necesidades y sentimientos y también es capaz de leer con claridad los estados emocionales de su pareja y responder asertivamente a ellos. Comparte sus éxitos y fracasos con su pareja, y es capaz de estar ahí para él o ella en caso de necesidad.

 

Apego inseguro

El apego inseguro es el resultado de la experiencia de un niño o niña de intentar conectar con sus cuidadores, sin un éxito estable, o dicho de otra forma donde lo estable era “no lograr conectar de manera segura y efectiva”.

En el caso del apego inseguro se pueden dar algunas variantes como lo son:

 

Apego Ansioso

Resultado de una crianza donde el niño o niña tuvo que adaptarse a padres, madres, o cuidadores que no siempre estaban disponibles para brindarle protección y refugio, mezclando la presencia y la ausencia de manera relativamente impredecible, donde la aceptación y el rechazo no eran posibles de anticipar con certeza y sin que pudiera llegar a sentirte seguro segura de la conexión con ellos.

 

¿Cómo se si me apego ansiosamente a otras personas especialmente parejas?

Te encanta sentirte cercano(a) a tus parejas durante las relaciones románticas y tienes gran capacidad para desarrollar relaciones íntimas, frecuentemente temes que tu pareja no desee estar tan cerca de ti como tú desearías. Tus relaciones tienden a consumir gran parte de tu energía emocional. Tiendes a ser muy sensible a pequeñas fluctuaciones en los estados de ánimo y acciones de tu pareja, y aunque tus sentidos son casi siempre precisos en esas lecturas, te tomas las conductas de tu pareja de manera muy personal. Tienes muchos sentimientos negativos durante la relación y fácilmente te irritas. Como resultado, tiendes a exagerar y a decir cosas de las que después te arrepientes. Sin embargo, si la otra persona te da mucha seguridad y constantemente resuelve tus dudas eres capaz de calmar gran parte de tus preocupaciones y de sentirte contenido(a).

 

Apego evitativo

El apego evitativo es otra forma de apego inseguro y es el resultado de una experiencia de la infancia donde los intentos de un niño o niña para conectar (apegarse) con sus padres mediante miradas, contacto físico, y búsqueda de apoyo emocional, fue mayormente rechazado. Siendo así, el niño o niña aprendió que para lograr recibir cuidado, tenía que evitar  acercarse mucho a sus padres, no decir lo que sentía o necesitaba, por temor a “molestar”. Es la adaptación normal e incluso inteligente ante padres-cuidadores menos conscientes de las necesidades de sus hijos e hijas y poco facilitadores de la expresión emocional.

 

¿Cuál es el efecto en la adultez?

Para estas personas es muy importante mantener su independencia y autosuficiencia.  En las relaciones de pareja prefieren la autonomía a la intimidad, Aunque desean sentirse cerca de otras personas, se sienten incomodas con demasiada cercanía y tratan de mantener a su pareja “a distancia”. No gastan mucho tiempo preocupándose de sus relaciones románticas o en la posibilidad de ser rechazadas. Tienden a no abrirse a sus parejas y frecuentemente reciben quejas por ser emocionalmente distantes. En las relaciones están constantemente alertas a signos de control o influencias de su pareja en su territorio.

Los estilos de apego Seguro e Inseguro (Este último con sus variantes de ansioso y evitativo) son adaptaciones de un determinado niño o niña a la forma relativamente estable y predecible de conexión ofrecida por sus cuidadores, es decir los niños lograron aprender “cómo” tenían que hacerlo para lograr apegarse y mantener un vínculo con ellos (De manera segura, ansiosa o evitativa). Es por esta razón que a estos estilos de apego le llamamos “Organizados”. Así, estos niños, en su desarrollo y en su adultez, se apegarán y buscarán conexión con personas, como por ejemplo sus parejas, en la forma en que aprendieron en el contacto con sus entrenadores (sus padres-cuidadores).

 

Apego Desorganizado

Existe también otro escenario donde los niños y niñas, a pesar de los esfuerzos que hacen para poder adaptarse a la forma de conexión ofrecida por sus padres-cuidadores para poder conectar con ellos, nunca logran aprender el “cómo” hacerlo para lograr un vínculo seguro.  Esto sucede cuando los padres-cuidadores, desarrollan conductas que no permiten al niño o niña confiar en ellos debido, principalmente a su impredictibilidad. Aclaremos esto con un ejemplo:

Una madre descubre que su hijo de 6 años ha roto un plato, entonces lo llama de la siguiente manera con un tono amoroso: “amor mío venga por favor”. El niño, al escuchar, anticipa una conexión segura con su cuidadora, pero al llegar y acercarse confiadamente, recibe un golpe y luego un grito como castigo por haber roto el plato. Esta traición a la confianza en el ambiente íntimo de cuidado es el tipo de conductas que dificulta la capacidad de los niños para “organizar” su apego, por lo que, finalmente no lograrán aprender cómo hacerlo para establecer vínculos seguros en sus relaciones íntimas y sentirán desconfianza y miedo ante las expresiones de cariño, al mismo tiempo que las necesitarán. A esto denominamos “apego desorganizado”. Este estilo de apego también se lleva a la vida adulta con los consecuentes efectos negativos en las relaciones de pareja. Las personas con este tipo de apego son altamente disfuncionales y pueden reaccionar con mucha violencia generada desde el miedo al abandono o a la anticipación del daño aprendido en la infancia en el vínculo con sus cuidadores.

 

¿y para qué me sirve conocer mi estilo de apego?

Conocer nuestro estilo de apego y el de nuestras potenciales parejas nos permite comprender mejor la forma en que nos vinculamos y las dificultades de compatibilidad implícitas en la relación. Nuestro estilo de apego es nuestro ADN relacional, y puede ser un dato importante a tener en cuenta para prever lo duradera y satisfactoria de una eventual relación de pareja.

 

¿Pueden cambiar los estilos de apego?

Si, pueden cambiar, ya que como mencionamos antes, los estilos de apego son la adaptación a un determinado modelo de relación, por lo tanto esto podría cambiar con nuevas experiencias. Así un niño con apego seguro pudiera cambiar a un apego inseguro si se relaciona con una cuidador inestable en el cuidado o si la constante estabilidad cambia a inestabilidad por alguna razón respecto del cuidado que le es entregado. Esto ocurre a veces en casos de divorcios o integración de nuevas figuras de apego en la vida de los niños. De la misma forma, un niño con apego inseguro podría cambiar a un apego seguro si sus cuidadores cambian y le ofrecen una conexión más sintonizada, confiable, predecible y estable, o si al integrarse nuevas personas como figuras de apego, estas le ofrecen una experiencia de seguridad.

Estos cambios para bien o para mal también se pueden dar en la adultez cuando una determinada persona tiene una experiencia de apego distinta a la que trae desde su niñez. Entonces es importante tener en cuenta los estilos de apego tanto para un mayor autoconocimiento como para un mejor autocuidado, porque de la experiencia de relaciones que tengamos con otras personas, dependerá lo seguros o inseguros que nos sentiremos en la vida.

Un proceso de psicoterapia te puede ayudar a descubrir y comprender tu estilo de apego y también a identificar los estilos de apego de los demás. De la misma forma te puede ayudar a efectuar cambios para recuperar tu seguridad en la vida o tal vez sentirla por primera vez.

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas

David J. Wallin, Attachment in Psychoterapy, The Guilford Press, New York, 2007.

Amir Levin, Rachel S.E. Heller, “Attached, the new science of adult attachment and how it can help you to find and keep love”, Penguin, New york, 2010.

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4 comentarios en «¿Te has preguntado qué estilo de apego tienes tú?»

  1. Me ha gustado muchísimo el poder encontrar respuestas a muchas inquietudes que generaban ruido en mi forma de ser y que ahora voy descubriendo el qué y porqué de ellas.Muchas,muchas gracias,a veces hay que detenerse un tiempo y reflexionar para nuestro bienestar.

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  2. Muchas gracias me sirvió mucho por qué ya se desde donde viene mi problema 😞 alnser la mayor nunca quise molestar a mis padres aún sigo haciendolo teniendo 35 años no he podido tener una relación favorable con ellos ni con parejas vivo con ellos pero nadie sabe lo que me sucede me cuesta demaciado hablarles de lo que me sucede

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    • A mi tbn me pasó lo mismo, tengo 31 años la mayor de 6 hermanos. No quería dar problemas y me acostumbré a reprimir mis emociones. Actualmente tengo mi familia, no soy tan de piel y varias veces me he descubierto rechazando besos y abrazos de mi pareja y lo amo pero debe venir de ahí.
      Eso sí al más mínimo indicio de que él pueda desinteresarse por mi o le ponga atención a otras personas más que a mi. Me desespero y me desequilibro y emocionalmente.
      Que raro es todo, cómo nos marca la crianza que tuvimos.

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