Lo sé. Suena horrible y sé que no es tan así.
Y si acabas de terminar una relación, probablemente la primera reacción al leer ese título sea pensar: “¿Cómo voy a querer sentirme así?”.
Por supuesto que no quieres sentirte así.
No quieres despertarte con ansiedad. No quieres tener un nudo en el estómago. No quieres pensar en esa persona todo el día. No quieres sentir que tu vida perdió sentido.
Entonces, ¿por qué decir algo tan provocador?
Porque hay una idea muy importante que veo todos los días en terapia y que, una vez que la comprendes, puede cambiar la manera en que atraviesas una ruptura.
Gran parte de tu dolor es una respuesta de estrés
Después de una ruptura, tu organismo suele entrar en un estado de alarma.
Por eso aparecen síntomas tan intensos:
- Opresión en el pecho.
- Dificultad para respirar profundamente.
- Tensión en la mandíbula o en los hombros.
- Problemas para dormir.
- Falta de apetito o necesidad de comer de manera compulsiva.
- Pensamientos repetitivos sobre la ex pareja.
- Sensación de vacío, desesperación o angustia constante.
Todo esto es doloroso. Muchísimo.
Pero también es una respuesta comprensible y adecuada a la situación que estás viviendo.
Tu organismo ha interpretado que acaba de perder algo muy importante y ha activado sus sistemas de estrés para intentar adaptarse a esta nueva realidad.
El problema es que este estado de alarma sostenido termina agotándote física y emocionalmente.
Sanar una ruptura es, en gran medida, reducir los niveles de estrés de tu organismo
A veces imaginamos que superar una ruptura consiste solamente en dejar de pensar en la otra persona o encontrar respuestas a lo ocurrido.
Pero, en realidad, gran parte del proceso consiste en ayudar a tu organismo a salir progresivamente de ese estado de alerta permanente.
Y esto no siempre es sencillo.
A veces hay procesos judiciales.
A veces hay hijos en común y debes seguir viendo a tu ex pareja.
A veces hay problemas económicos, cambios de casa, cambios de rutina o la necesidad de reconstruir una vida entera.
La situación puede seguir siendo estresante durante bastante tiempo.
No siempre puedes cambiar las circunstancias de inmediato.
Pero sí puedes empezar a ayudar a tu organismo a atravesarlas de una mejor manera.
Hay algo que puedes hacer ahora mismo: regular tu sistema nervioso
Aquí es donde el título cobra otro sentido.
No eliges sufrir.
Pero muchas veces, sin darnos cuenta, dejamos completamente abandonada nuestra regulación emocional.
Seguimos trabajando con el pecho apretado.
Seguimos conduciendo con la mandíbula tensa.
Llegamos a la casa con los hombros rígidos.
Nos acostamos en la cama con la respiración acelerada.
Y despertamos al día siguiente exactamente igual.
Es decir, mantenemos al organismo funcionando en estado de alarma durante horas o incluso semanas enteras.
Por eso la regulación emocional se vuelve tan importante.
Porque es una forma de decirle a tu cuerpo:
“Sí, esto es doloroso. Sí, la situación sigue siendo difícil. Pero ahora mismo podemos hacer algo para reducir un poco este nivel de estrés.”
Dos cosas simples que puedes comenzar a hacer
1. Relaja la musculatura
El estrés y la tensión muscular suelen ir de la mano.
Por eso, varias veces al día, detente un momento y observa tu cuerpo.
¿Están tensos tus hombros?
¿Estás apretando la mandíbula?
¿Tienes el abdomen contraído?
Haz el ejercicio de soltar conscientemente la musculatura.
No resolverá la ruptura.
Pero puede ayudar a que tu organismo deje de sostener innecesariamente parte de esa carga.
2. Respira de manera suave y profunda
La respiración es una de las herramientas más simples y accesibles para ayudar al organismo a disminuir su activación.
No necesitas hacer algo complejo.
Simplemente disminuye el ritmo.
Respira de manera suave, tranquila y profunda.
Date algunos minutos.
Si puedes, recuéstate.
Relaja la musculatura.
Pon tus manos sobre el pecho o el abdomen.
Y respira lentamente.
Tal vez el dolor siga allí.
Pero muchas personas descubren que se sienten un poco más tranquilas, un poco más en paz y un poco más capaces de sostener lo que están viviendo.
Y, cuando estás atravesando una ruptura, a veces ese pequeño alivio puede hacer una enorme diferencia.
Si la situación sigue siendo difícil, tu organismo aún puede empezar a sentirse mejor
La regulación emocional no elimina mágicamente el dolor de la ruptura.
No hace desaparecer la pérdida.
No resuelve los problemas pendientes.
Pero sí puede ayudarte a reducir los niveles de estrés de tu organismo y a atravesar este proceso con un poco más de calma, claridad y estabilidad emocional.
Y eso, muchas veces, es el primer paso para comenzar a sanar.
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