El maravilloso viaje del desapego [PARTE 3]

Tu cuerpo también aprendió

En la primera parte de este viaje te propuse recordar algo que quizás habías olvidado: hubo un momento en que esa persona no significaba nada especial para ti.

No había ansiedad cuando no te escribía.
No sentías un vacío cuando no estaba.
No necesitabas saber dónde estaba.
Su presencia no cambiaba tu estado de ánimo.

Después, en la segunda parte, comenzamos a comprender cómo pudo ocurrir esa transformación.

A través de las interacciones, los momentos compartidos, la intimidad, el afecto y todas aquellas situaciones que fueron ocurriendo dentro de la relación, la presencia de esa persona comenzó a asociarse con determinadas sensaciones y estados: bienestar, seguridad, placer, tranquilidad, ilusión, amor.

Pero también ocurrió algo más. La distancia, la separación y la ausencia de esa persona comenzaron a asociarse con otras sensaciones y estados: malestar, inseguridad, dolor, intranquilidad, ansiedad, soledad. De esta manera, nuestro organismo puede aprender no solamente a sentirse bien ante la presencia de alguien, sino también a experimentar malestar ante su ausencia.

Pero aquí quiero detenerme en algo que considero fundamental.

Ese aprendizaje no ocurre solamente en tu cabeza.

También ocurre en tu cuerpo.


No solamente piensas: también respondes fisiológicamente

Cuando hablamos de emociones solemos hacerlo como si fueran algo abstracto.

Decimos:

“Estoy triste”.

“Estoy ansioso”.

“Estoy enamorado”.

“Me siento mal”.

Pero ¿dónde ocurre ese sentir?

Ocurre también en tu organismo.

Cuando sientes miedo, tu corazón puede acelerarse. Tu respiración cambia. Tus músculos se tensan. Puedes sentir calor, frío, presión, temblor o inquietud.

Cuando algo te produce alegría, tu cuerpo también cambia.

Cuando recibes una noticia que te enfurece, probablemente notes tensión muscular, cambios en la respiración, aumento de la activación.

Cuando sientes vergüenza, quizás tu rostro se caliente.

Cuando estás tranquilo, tu respiración puede hacerse más pausada y tu cuerpo puede encontrarse en un estado completamente diferente.

El estómago, el corazón, los músculos, la respiración, las vísceras y todo nuestro sistema nervioso participan de aquello que llamamos sentir.

Por eso, cuando hablamos de una emoción, no estamos hablando solamente de una idea.

Estamos hablando también de una respuesta fisiológica natural en nuestro organismo, que por repetición junto a un estímulo (asociación) se comienza a disparar en automático cuando aparece ese estímulo con el cual se asoció (por eso desde cierto momento comenzaste a sentir angustia cuando la persona se aleja y placer cuando está presente)


Tu organismo responde a los estímulos

Imagina que estás tranquilo.

Estás sentado, respirando con calma y leyendo esto.

Ahora imagina que alguien aparece repentinamente frente a ti dispuesto a golpearte.

Aunque el golpe todavía no haya ocurrido, probablemente tu cuerpo cambie.

Puedes tensar los músculos.

Puedes acelerar la respiración.

Tu corazón puede comenzar a latir más rápido.

Tu cuerpo se prepara.

Y fíjate en algo interesante: no necesitaste recibir el golpe para que tu organismo respondiera.

Bastó con interpretar que había una amenaza.

Esto nos permite comprender algo fundamental:

nuestro organismo responde a los estímulos y a la interpretación que hacemos de ellos.


Haz el experimento

Puedes experimentar algo parecido de manera sencilla.

Siéntate cómodamente.

Deja que tu cuerpo se relaje.

Observa tu respiración durante unos segundos.

No necesitas cambiarla. Simplemente nota cómo está.

Ahora, durante unos segundos, contrae deliberadamente todo tu cuerpo.

Aprieta los músculos.

Tensa los brazos.

Las piernas.

El abdomen.

Como si estuvieras preparándote para recibir un golpe.

Observa qué ocurre.

Quizás notes que tu respiración cambia.

Quizás tu corazón se acelere.

Quizás aparezca tensión, calor o una sensación diferente en el cuerpo.

Ahora deja de hacerlo.

No necesitas hacer nada más.

Simplemente observa cómo tu organismo vuelve progresivamente hacia un estado de mayor calma.

¿Qué acabas de experimentar?

Provocaste voluntariamente un cambio en tu organismo.

Y eso nos permite observar algo que normalmente pasa desapercibido: nuestro cuerpo está cambiando constantemente en respuesta a lo que ocurre y además puede aprender a responder de determinadas maneras ante determinados estímulos (por eso tal vez te pase que si ves a la policía en la calle sientas nerviosismo o tranquilidad según haya sido tu experiencia previa).


¿Y qué tiene que ver esto con tu ruptura?

Mucho.

Porque cuando una persona se convierte en alguien emocionalmente importante para nosotros, nuestro organismo aprende a responder ante diferentes estímulos relacionados con ella.

Su presencia puede producir una respuesta.

Su voz.

Un mensaje.

Una fotografía.

Una canción.

Un lugar.

Un perfume.

Una conversación.

Un recuerdo.

Incluso imaginarla.

Todos esos estímulos pueden quedar asociados a las experiencias que vivimos durante la relación.

Por eso puedes mirar una fotografía y sentir algo inmediatamente.

Puedes recordar un momento bonito y experimentar bienestar.

Puedes imaginar que esa persona está con alguien más y sentir angustia.

Puedes ver que está conectada y sentir ansiedad.

Puedes encontrarte con ella y sentir que tu cuerpo cambia.

Y también puede ocurrir lo contrario:

Basta con que, en un momento de soledad comiences a recordar a esa persona, para que tu organismo responda.

No solamente recuerdas a esa persona. Tu organismo responde a ese recuerdo.

Esto es fundamental para comprender el desapego.


El problema no está solamente en lo que piensas

Quizás llevas meses diciéndote:

“Ya sé que esta relación terminó”.

“Ya entendí que no me convenía”.

“Sé que tengo que seguir adelante”.

“Sé que debería dejarlo atrás”.

Y, sin embargo, sigues sintiendo.

Eso puede resultar tremendamente frustrante.

Porque parece que tu cabeza ya entendió algo que tu cuerpo todavía no.

Pero quizás ahora puedas comprenderlo de otra manera.

No necesariamente existe una contradicción.

Tu mente puede comprender racionalmente que una relación terminó mientras tu organismo todavía responde de acuerdo con aprendizajes construidos durante esa relación. Esto también ocurriría al ver a la policía en la calle si hubieras tenido experiencias negativas o positivas con ellos, tu cuerpo emitiría una señal de alarma o de seguridad según sea el caso, solo por la presencia de la autoridad.

Por eso, para trabajar el desapego, no basta solamente con decirnos qué deberíamos pensar.

También necesitamos aprender a reconocer qué está ocurriendo en nuestro cuerpo.


Esta semana: observa

Antes de intentar cambiar tus respuestas, quiero proponerte algo más sencillo.

Obsérvalas.

Durante esta semana, presta atención a cómo responde tu cuerpo frente a diferentes estímulos cotidianos.

Cuando alguien te habla de una determinada manera.

Cuando alguien te sorprende.

Cuando te hacen reír.

Cuando recibes una buena noticia.

Cuando algo te molesta.

Cuando alguien te grita.

Cuando escuchas una bocina inesperadamente.

Cuando algo te da miedo.

No intentes modificar inmediatamente lo que sientes.

Primero observa.

¿Qué ocurre con tu respiración?

¿Qué ocurre con tu corazón?

¿Dónde aparece tensión?

¿Qué pasa con tu estómago?

¿Tu cuerpo se expande o se contrae?

¿Sientes calor, frío, presión, movimiento?

¿Tu cuerpo se activa?

¿Y qué ocurre después, cuando el estímulo desaparece?

Haz lo mismo cuando aparezcan estímulos relacionados con tu expareja.

Una fotografía.

Una canción.

Un mensaje.

Un recuerdo.

Una conversación.

Un lugar.

O simplemente pensar en esa persona.

No necesitas juzgar la respuesta.

Solo empieza a conocerla.

Porque antes de aprender a modificar una respuesta, necesitamos aprender a reconocerla.


Y aquí comienza la siguiente pregunta

Hasta ahora hemos comprendido algo muy importante:

Una persona que alguna vez no significó nada para ti llegó a convertirse en alguien capaz de producir importantes respuestas emocionales y fisiológicas en tu organismo.

Ese aprendizaje fue construyéndose mediante asociaciones.

Y ahora sabemos que esas asociaciones no viven solamente en nuestros pensamientos.

También viven en la forma en que nuestro organismo responde.

Entonces aparece naturalmente la siguiente pregunta:

Si mi organismo aprendió a responder de esta manera…

¿puedo ayudarlo a aprender a responder de otra?

La respuesta es sí.

Pero eso merece que nos detengamos un poco más.

Porque aprender a modificar una respuesta emocional no significa luchar contra ella, negarla ni exigirnos dejar de sentir.

Significa aprender qué hacer cuando aparece.

Y de eso hablaremos en la continuación de este viaje. 

Por ahora solo aprende a observar las respuestas de tu cuerpo y «Déjalas existir», o como dice aquella antigua y bella canción de Los Beatles: «Let it be»

El maravilloso viaje del desapego — Parte 3 continuará la próxima semana.

© Hugo Huerta Fernández — El maravilloso viaje del desapego. Todos los derechos reservados.

14 comentarios en «El maravilloso viaje del desapego [PARTE 3]»

  1. Hola doctor Hugo,
    en estos días he sentido muchísima culpa por terminar la relación, analizo la situación una y otra vez y siento que tengo gran responsabilidad en que las cosas terminarán, pero a la vez soy consiente de que ya no es momento de hacer nada, porque fue la decisión definitiva que él ya me confirmó. He estado haciendo el ejercicio de observar mis emociones cuando lo veo, porque trabajamos juntos y me he sentido en gran medida bien ¿pero ahora que hago con está culpa?

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    • Gracias por compartirlo. Lo que describes es muy interesante, porque además de observar lo que ocurre en tu cuerpo cuando lo ves, ahora estás pudiendo observar también lo que ocurre en tu mente: la culpa, la revisión constante de lo sucedido y esa necesidad de encontrar qué podrías haber hecho distinto.

      Pero hay algo importante: sentir culpa no significa necesariamente que seas responsable de todo lo que ocurrió ni que tengas que hacer algo al respecto ahora. A veces la mente intenta revisar una y otra vez el pasado buscando una respuesta que nos permita cambiar un desenlace que ya ocurrió.

      Quizás ahora el trabajo no sea seguir buscando qué podrías haber hecho diferente, sino aprender a reconocer qué ocurre cuando aparece esa culpa y permitir que tu organismo pueda transitarla sin que tengas que actuar desde ella.

      Y esto es justamente parte del camino que estamos comenzando a recorrer. La siguiente parte de El maravilloso viaje del desapego ya está disponible, y vamos a empezar a trabajar precisamente en cómo ayudar a nuestro organismo a responder de una manera diferente.

      Si sientes que la culpa, la rumiación o el dolor siguen ocupando demasiado espacio en tu vida, también puede ser un buen momento para considerar un proceso de terapia psicológica. No necesariamente porque estés “mal”, sino porque no siempre tenemos que aprender a hacer todo esto solos.

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  2. No lo había visto de la manera en que lo presentas,tiene mucho sentido. Ya quiero leer las siguientes partes. Son cuatro años intentando desapegarme sin lograrlo, gracias.

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    • Gracias a ti por compartir tu experiencia. Y quizás hay algo importante en esos cuatro años: que no hayas logrado desapegarte no significa que te falte voluntad o que estés condenado a seguir sintiendo lo mismo. A veces entendemos racionalmente que debemos dejar atrás una relación, pero nuestro organismo sigue respondiendo de acuerdo con los aprendizajes y asociaciones que construyó durante ella.

      Justamente por eso en esta serie estamos intentando mirar el desapego desde otro lugar: no solamente como una decisión que tomamos con la cabeza, sino como un proceso en el que también necesitamos ayudar a nuestro organismo a aprender nuevas respuestas.

      Ya está disponible la siguiente parte, así que te invito a continuar este viaje. Y si después de cuatro años sientes que sigues atrapado en este proceso, también podría ser un buen momento para considerar un acompañamiento psicológico. A veces no necesitamos seguir intentando lo mismo durante más tiempo; necesitamos aprender a trabajarlo de una manera diferente.

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  3. Estoy en esta disyuntiva porque hace más de dos años decidí terminar mi matrimonio y al tiempo comencé una relación que terminó hace poco, pero siento dependencia de esta última relación y necesidad de que mi ex esposo siga presente de alguna forma. Siento que me estoy volviendo loca y no sé cómo cortar ambos vínculos. Inicié hace poco terapia porque necesito avanzar en mi vida y sé que mi última relación no me llevará a nada bueno porque en ambas me engañaron y en ambas perdoné, pero sé que con esta última mi desconfianza jamás desaparecerá pero o puedo desapegarme, me siento horriblemente mal

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    • Gracias por compartir algo tan íntimo. Lo primero que quisiera decirte es que no estás “volviéndote loca” por sentirte así. Estás atravesando un proceso emocional complejo, en el que se mezclan dos vínculos importantes, pérdidas, engaños, perdón, desconfianza y aprendizajes que tu organismo fue construyendo a lo largo del tiempo.

      Y hay algo que me parece muy importante: ya comenzaste terapia. Eso puede ser un espacio muy valioso para ordenar todo esto, no necesariamente para decidir por ti qué vínculo debes cortar, sino para comprender qué te está manteniendo vinculada, qué necesitas elaborar y cómo puedes comenzar a recuperar tu propia tranquilidad.

      En esta Parte 3 justamente comenzamos a mirar algo que puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo: desapegarse no consiste simplemente en decidir “no quiero sentir esto”. Tu organismo también aprendió a asociar determinadas personas con bienestar, seguridad, deseo, ilusión o tranquilidad, y sus ausencias pueden activar otras respuestas.

      Por eso, aunque racionalmente sepas que una relación no te hace bien, emocional y corporalmente puede resultar muy difícil soltarla. Eso no significa que no puedas hacerlo. Significa que hay un aprendizaje que necesita ser trabajado.

      Continúa con las siguientes partes de El maravilloso viaje del desapego, porque justamente ahora comenzamos a entrar en cómo trabajar esas respuestas. Y sigue apoyándote en tu proceso de terapia: no tienes que resolver todo esto de una sola vez ni hacerlo sola.

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  4. quisiera pedirte un consejo, ahora estoy en una separación de 9 años tengo un hijo de la misma edad, ella decidió cortar pidiendo tiempo, mi problema es que ella me llama, me escribe, cuando mi hijo no quiere ir a la escuela llama, no soluciona. tenemos a nuestro hijo 7 días cada uno, yo de verdad no quiero verla, ya que me hace daño su presencia quiero cortar ese lazo, tener una relación estrictamente de padres. Que hago para terminar esto.

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    • Entiendo que estés buscando una respuesta concreta: “¿Qué hago para terminar este vínculo y dejar de sufrir?”.

      Pero quiero explicarte algo que quizás no resulte evidente desde este espacio: mi trabajo como psicólogo no consiste en dar consejos ni en decirle a una persona qué hacer con su vida. Mi trabajo consiste en ayudarla a comprender lo que le está pasando y acompañarla profesionalmente para que pueda tomar sus propias decisiones.

      Una separación después de 9 años, con un hijo en común y una dinámica de cuidado compartido, no puede reducirse responsablemente a un consejo en un comentario.

      No es que no quiera responderte. Es que una vida compleja no se puede resolver con un consejo.

      Y tampoco sería profesional que yo pretendiera hacer terapia contigo a través de los comentarios.

      Por eso, si esta situación te está haciendo sufrir y quieres aprender a relacionarte con tu expareja sin que cada contacto vuelva a desestabilizarte, mi recomendación es que hagas un proceso de terapia y puedas trabajar tu separación de manera adecuada.

      Porque en tu caso probablemente no se trata de “cortar el vínculo” —tienen un hijo—, sino de transformar el vínculo: dejar de ser pareja y aprender a ser padres sin seguir haciéndote daño.

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  5. Es reconfortante leer estas cosas, me he sentido con mis sentimientos cruzados, con ganas de escribirle, de verlo un instante, porque aunq fui yo la que decidio terminar con la relacion, me siento a veces arrepentida, y quisiera buscarlo, pero tambien se que no es lo correcto. Espero poder manejar mis emociones para tener el desapego de forma positiva en mi vida

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    • Lo que describes es justamente una de las cosas que este proceso busca ayudarnos a comprender.

      Tú decidiste terminar la relación, pero cuando aparece la ausencia, tu organismo puede comenzar a responder de una manera que quizás te resulta contradictoria: aparecen las ganas de escribirle, de verlo, de acercarte, e incluso la sensación de arrepentimiento.

      Y aquí hay algo importante: sentir ganas de buscarlo no significa necesariamente que hayas tomado una mala decisión. Tampoco significa, por sí solo, que él sea “el amor de tu vida”, que estén destinados a estar juntos o que debas volver.

      Significa, al menos en parte, que estás experimentando una respuesta frente a la ausencia de alguien que llegó a ser importante para ti.

      Y justamente por eso este proceso puede ayudarte a ordenar lo que estás viviendo. A medida que comprendemos cómo se construyeron esas respuestas, podemos comenzar a distinguir entre lo que sentimos, lo que pensamos acerca de lo que sentimos y las decisiones que finalmente tomamos.

      No se trata de negar tus sentimientos ni de convencerte de que no lo amas. Se trata de poder observarlos sin que cada emoción se transforme inmediatamente en una conclusión sobre la relación.

      Quizás eso sea una de las cosas más importantes del desapego: poder decir “tengo ganas de verlo” sin que necesariamente tengas que concluir “entonces debería volver”.

      Sigue recorriendo este camino. Lo que hoy puede parecer una enorme confusión, poco a poco puede comenzar a adquirir sentido.

      Y eso también es aprender a gestionar nuestras emociones: no dejar de sentir, sino aprender a comprender lo que sentimos y decidir qué hacemos con ello.

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  6. NUNCA PENSE DE ESA MANERA, Y TIENES MUCHA RAZON CUANDO LA VEO Y CREO VERLA MI CORAZON SE ACELERA Y MI RESPIRACION DE IGUAL MANERA, NUNCA PENSE QUE EL CUERPO TAMBIEN APRENDIA Y LO ASUMIA A LA CABEZA, ENTONCES COMO HAGO PARA QUE MI CUERPO DEJE DE SERTIR ESO. ?

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    • Y ese descubrimiento que acabas de hacer es muy importante: darte cuenta de que cuando crees verla, tu corazón se acelera y tu respiración cambia significa que ya estás comenzando a observar lo que ocurre dentro de tu propio organismo.

      No es solamente que “pienses en ella” y después te sientas mal. Tu organismo también aprendió a responder ante determinados estímulos relacionados con ella. Y muchas veces esa respuesta aparece antes de que alcancemos siquiera a pensar qué está ocurriendo.

      Entonces aparece justamente la pregunta que planteas: ¿cómo hago para que mi cuerpo deje de responder de esa manera?

      No se trata de obligarlo a dejar de sentir ni de luchar contra esas respuestas. Se trata de enseñarle progresivamente a responder de una manera diferente frente al mismo estímulo.

      Y justamente hacia allá vamos en las próximas lecturas de *El maravilloso viaje del desapego*. Primero necesitamos aprender a reconocer esa respuesta y después comenzar a trabajar con ella: observarla, permitirla, regular nuestro organismo y aprender, poco a poco, que podemos estar frente a ese estímulo sin que nuestro cuerpo tenga que reaccionar como antes.

      En los procesos de terapia psicológica también trabajamos precisamente en esto: ayudar a la persona a comprender sus respuestas y a desarrollar nuevas formas de responder frente a aquello que antes desencadenaba determinadas reacciones.

      Así que lo que acabas de descubrir no es un detalle menor.

      Ya diste un primer paso: ahora sabes que no solamente tienes que trabajar con lo que piensas.

      También puedes aprender a trabajar con lo que ocurre en tu cuerpo.

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