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Infidelidad: más allá del amor y el engaño

Mi pareja me fue infiel y me pide perdón: ¿Será que me ama de verdad?¿puede una persona ser infiel y amar a su pareja al mismo tiempo?

Las cosas no son tan simples

En el complejo entramado de la infidelidad, es imperativo ir más allá de las narrativas tradicionales centradas en el amor y el engaño. Desde una perspectiva superficial, al abordar el problema de la infidelidad tendemos a llegar a conclusiones en extremo simples para problemas complejos, como son los vínculos y las relaciones entre las personas.

Desde estas conclusiones simplistas, tendemos a fomentar pensamientos y frases que demonizan la figura de la infidelidad y que no ayudan mucho a personas que, a pesar de haber sido engañadas o de haber engañado quieren, en su justo y valido derecho, intentar recomponer la relación y seguir adelante con sus parejas, familias y vidas.

Solo para valientes

Entre menos consciencia existe de las complejidades de fondo que tienen que ver con las relaciones interpersonales, más nos alejamos de las soluciones o al menos de la comprensión de los fenómenos psicológicos que subyacen a una conducta poco «adecuada» o poco acorde con los parámetros de las relaciones de pareja tradicionalmente establecidos.

Es poco frecuente que las personas se animen a entrar en esta complejidad, porque es un camino difícil y de mucha inversión de tiempo, esfuerzo y por qué no decirlo: de dinero, ya que eventualmente implicará procesos terapéuticos de largo aliento y cambios en la forma en que vivimos la vida, en resumen es un camino en el que hay que estar llenos de paciencia, ánimo y valor.

En este breve artículo intentare llevarte a la reflexión sobre uno de los aspectos de esta complejidad, para facilitar nuevas miradas y abrir nuevas perspectivas sobre la infidelidad.

Para tener relaciones sanas se necesita un cerebro sano

El órgano principalmente involucrado en temas vinculares es el cerebro. Con éste órgano logramos la comprensión del mundo, la elaboracion del lenguaje, la toma de decisiones, las estrategias para establecer un vínculo, para sostener las relaciones y tambien para afrontar las separaciones, la regulación de nuestras emociones, la vivencia subjetiva de nuestros sentimientos, entre otras múltiples funciones relacionadas.

Lamentablemente pasa inadvertido el hecho de que este órgano requiere estar saludable para poder funcionar bien y consecuentemente brindarnos una mejor experiencia en la vida.

El cuidado de nuestro cerebro, no es un tema que esté puesto en su nivel de relevancia durante nuestra vida y entonces en general está como «descuidado». Por ejemplo pocos cuidadores de niños dirían «No expongamos a nuestros hijos al estrés que implican la violencia y los malos tratos porque esto podría dañar su cerebro y luego tendrá problemas para su uso adecuado en el colegio y en sus relaciones», así también pocos de nosotros al momento de consumir por primera vez alcohol hemos pensado «no consumiré alcohol para no dañar mi cerebro, ya que lo necesito sano para mis relaciones y para mi vida en general», y lo cierto es que en la mayoría de los casos tampoco tenemos consciencia de que tal vez nuestros cerebros ya están lo suficientemente dañados y que por esa razon nuestros vínculos no van como queremos; y mucho menos relacionamos las conductas de nuestra pareja con algún eventual daño en su cerebro producto de experiencias de infancia o consumo de alcohol u otras drogas, por dar algunos ejemplos.

Trauma complejo, y su efecto en los vínculos.

Examinar detenidamente los efectos del «mal cuidado del cerebro» a lo largo de nuestras vidas, revela una conexión intrincada entre la capacidad de vinculación, el trauma complejo y su correlación con la infidelidad. Desde la óptica de la neurociencia, se evidencia que gran parte del daño en la capacidad de establecer relaciones sanas encuentra sus raíces en experiencias adversas en la infancia, generando patrones que resonarán a lo largo de la vida adulta.

El trauma complejo, caracterizado por la exposición sostenida a experiencias adversas en la infancia, puede moldear la estructura cerebral, afectando áreas críticas relacionadas a la memoria y a las emociones. Estos cambios neurobiológicos comprometen la regulación emocional y la interpretación de las señales sociales, impactando directamente en la habilidad para establecer conexiones íntimas y saludables.

Adicciones, consecuencia del daño y más daño

La relación entre el trauma complejo y la infidelidad se acentúa al considerar el papel de las adicciones. Las experiencias traumáticas pueden aumentar la vulnerabilidad a la dependencia de sustancias como mecanismo de afrontamiento. La interferencia de las adicciones en las vías de recompensa y motivación del cerebro contribuye a la toma de decisiones impulsiva y, en consecuencia, a la fragilidad de las relaciones de pareja.

¿Que pensar entonces, la persona infiel no ama?

Quise detenerme en este punto porque en muchos casos de infidelidad en los que me ha tocado acompañar procesos terapéuticos, tras una indagación, aparecen historias de personas adultas infieles que además tienen historias de trauma complejo y adicciones, lo que en suma, transforman su cerebro en un órgano poco apto para entregar vínculos sanos, aun cuando sientan amor por su pareja, ya que ese amor pasa por el filtro de un cerebro dañado.

Si ampliamos la perspectiva de las cosas e integramos la complejidad de cada persona, afirmar que la infidelidad se origina exclusivamente en la falta de amor es una simplificación que ignora la profundidad de un problema intrincado. La incapacidad para establecer vínculos sanos, producto del trauma complejo y agravado por las adicciones, subraya la necesidad de un enfoque más comprensivo y terapéutico al abordar la infidelidad, para poder tomar decisiones más informadas y conclusiones más empáticas y así facilitar un proceso más sano que permita recuperar la relación o avanzar hacia la separación de forma más tranquila y consciente.

En resumen, la infidelidad, vista desde la perspectiva de la neurociencia y el trauma complejo, revela la complejidad de los factores que influyen en la capacidad de vinculación de una persona. Abordar estos problemas no solo requiere comprensión, sino también intervenciones especializadas que reconozcan la plasticidad cerebral y el potencial de cambio, permitiendo a las personas recuperarse y construir relaciones más saludables.

 

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