¿Grupo de WhatsApp para corazones rotos? no se si es tan bueno

Cuando el dolor se convierte en un bucle

Hay algo profundamente paradójico en brindar terapia: acompañar a personas que sufren por pensamientos autodestructivos, a veces con tintes absurdos pero con cierta lógica rígida mantenida por el dolor, emociones desbordadas y conductas que claramente no les hacen bien… pero que, sin embargo, rara vez quieren o pueden modificar.
Y no lo digo desde la distancia de quien lo observa, sino desde el conocimiento de causa y la humanidad de quien también se ha visto ahí, atrapado en su propio bucle alguna vez.

El pensamiento, esa maravilla evolutiva, puede convertirse en cárcel. La emoción, que nos da color y profundidad, también puede inmovilizarnos. Y las conductas, que repetimos casi sin darnos cuenta, pueden sostener el mismo dolor día tras día.
A veces estamos tan identificados con lo que sentimos o pensamos, que no nos damos cuenta de que hay otras formas posibles de estar en el mundo. Y lo más complejo: creemos que lo que nos pasa no tiene salida.

Desde esa intención de ofrecer una salida, creé hace un tiempo grupos de WhatsApp para personas que estaban atravesando una ruptura amorosa. Mi objetivo era entregar contenido útil, herramientas concretas y también generar un espacio de apoyo mutuo entre personas que compartieran una experiencia dolorosa.

Pero lo que encontré fue, en muchos casos, algo que me removió profundamente: los grupos se llenaban rápidamente (a veces en menos de 24 horas), y la mayoría de los mensajes eran repeticiones constantes de sufrimiento, de ansiedad, de desesperación. Como un eco que rebota entre paredes sin salida.
«¿Cómo calmo mi ansiedad? ¿Cómo calmo mi ansiedad? ¿Cómo calmo mi ansiedad?»
Yo respondía con pasos, estrategias, explicaciones. Pero la pregunta volvía, exactamente igual. Una y otra vez. Como si el mensaje no pudiera entrar.

Me di cuenta de que, cuando una persona está demasiado tomada por su dolor, incluso la ayuda puede volverse invisible. O inalcanzable. En los grupos, muchas veces mi presencia simplemente rebotaba. Mis intervenciones no eran leídas o pasaban desapercibidas entre cientos de mensajes.
A veces, cuando notaba que el grupo ya había tomado su propia identidad —una especie de impulso colectivo hacia el dolor compartido—, simplemente les decía: «Chicos, veo que el grupo ya tiene su rumbo. No quiero interrumpir. Les deseo lo mejor».
Y me salía.

Lo más impactante: muchas veces ni siquiera notaban que me había ido. Algunas personas me escribieron días después por otros motivos, sin haberse dado cuenta de que ya no estaba. Otras, que sí veían lo que pasaba en el grupo, me escribían por interno y decidían irse también.

No fue una experiencia negativa. Fue, más bien, una gran lección. Me mostró en carne viva lo difícil que es generar transformación cuando no hay conciencia del propio bucle.
Y también, lo potente que puede ser el acompañamiento adecuado cuando alguien ya está listo para mirar su dolor con otra perspectiva.

¿Pero qué pasa cuando vienes de manera individual a terapia?
Ahí todo cambia. Porque aunque haya confusión o angustia, hay algo distinto: la decisión.
El solo hecho de pedir ayuda individual ya revela una pequeña (pero crucial) apertura. Algo que dice: “Esto que siento, pienso y hago no me está ayudando… y quiero entenderlo, quiero salir de aquí.”

Y ahí sí puedo ayudarte.
Ahí sí puedo acompañarte a identificar los pensamientos que te atrapan, las emociones que se desbordan, las conductas que te dejan en el mismo lugar una y otra vez.
Porque en ese espacio individual se puede construir un ritmo, un vínculo, una estrategia. No mágica ni instantánea. Pero sí real.

Por ahora, los grupos quedarán para otro momento. Tal vez, en otro formato, con otro tipo de estructura, o incluso de forma presencial.
Pero hoy, si estás leyendo esto y sientes que estás atrapado en ese mismo bucle…
…te invito a hacer el movimiento más pequeño y valiente: empezar a salir de ahí.
Y si te animas, acá estoy para acompañarte.

Hugo Huerta Fernández

Psicólogo y Fundador de corazonroto®

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