El precio de decir «Adiós»: la dura decisión de ser quien termina una relación

«Dispara y olvida» Fue el consejo que un amigo me dio en medio de un entrenamiento en la Infantería de Marina de Chile, a mis 19 años cuando sufría por la duda que me causaba el «terminar o no» una relación de pareja que se había vuelto inmensamente dañina para mi. El mensaje que él me entregaba, en sentido figurado, quería decir: «dile que quieres terminar y ya, no le des más vueltas ni lo sobre-pienses tanto». 

El consejo de mi amigo, a quien apodábamos «indio malo» fue como un despertar que hizo explotar mi mente y llenarme de entusiasmo al sentir que había una opción para salir de todo el complejo mundo de sentimientos en el que me encontraba.

Finalmente lo hice y nunca más supe de esa persona que en algún momento fue causa de grandes aprendizajes pero también de un inmenso sufrimiento en mi adolescencia que ya terminaba.

 
Sin embargo para lograrlo tuve que echar mano a un recurso que hasta ese entonces no me atrevía a usar: Un poco de mi propia «maldad», despertada por mi amigo en su consejo, que en realidad se transformaría en una dosis de firmeza y determinación para tomar una decisión que, aunque difícil, era necesaria.
 

La resistencia humana a causar daño

 
En el libro «On Killing» («Acerca de matar»), Dave Grossman explora el costo psicológico que enfrentan los soldados al quitar una vida. Este estudio se basa en la resistencia innata que muchos seres humanos tienen a dañar a otro, una barrera psicológica que está profundamente arraigada en nuestro ser. Durante la Segunda Guerra Mundial, se observó que alrededor del 75-80% de los soldados estadounidenses evitaban disparar directamente al enemigo, incluso en medio del combate y aún cuando el enemigo les estuviese disparando a ellos. Esta misma resistencia a causar daño puede manifestarse en situaciones mucho más cotidianas, como cuando nos enfrentamos a la decisión de terminar una relación significativa.
 
Aunque el contexto del combate es radicalmente diferente al de nuestras vidas cotidianas, hay paralelismos sorprendentes en cómo lidiamos con las rupturas emocionales intensas, como el final de una relación de pareja o una amistad profunda. Cuando decidimos terminar una relación, estamos, en cierto sentido, rompiendo ese instinto de no hacer daño, y esto puede generar una batalla interna tan intensa como cualquier otro conflicto.
 
En su libro, Dave Grossman describe las siguientes etapas que son experimentadas por los soldados que han disparado a un enemigo causándole lesiones graves o la muerte, que analizaremos en paralelo con la acción de terminar una relación:
 

1. El Disparo Inicial: La Decisión de Terminar

 
En el combate, el disparo inicial es un acto decisivo, a menudo instintivo, que marca un antes y un después. De manera similar, el momento en que se envía un mensaje o se dice «quiero terminar contigo» es un acto cargado de tensión. Es el punto de no retorno, el momento en que se rompe el vínculo y se enfrenta lo inevitable. Esta acción puede sentirse tan devastadora como un disparo en una batalla, ya que define el fin de lo que una vez fue una conexión importante con sentimientos como la empatía y con normas de vida o religiosas como «no matarás» o «amar al prójimo como a ti mismo», así como leyes que en otros contextos castigan estas conductas.
 

2. El Alivio Inmediato: Euforia Temporal

 
Después de tomar la decisión, una vez que el disparo ya salió y dio en el blanco, puede haber una sensación de alivio, una euforia momentánea. El peso de la incertidumbre ha desaparecido, y aunque el futuro aún es incierto, el alivio de haber actuado puede traer un respiro emocional. Este sentimiento es engañoso, ya que a menudo precede una montaña rusa emocional.
 

3. La Ola de Culpa: remordimiento profundo

 
La euforia suele dar paso a la culpa. Así como el arrepentimiento de un soldado al escuchar los gritos de un enemigo moribundo… en el contexto de una ruptura, este remordimiento puede ser abrumador, especialmente si la persona que decidió terminar la relación comienza a reflexionar sobre el dolor que ha causado. Aquí, las emociones pueden ser tan intensas como las que experimenta un soldado tras comprender el impacto de su acción en el campo de batalla.
 

4. Racionalización: Buscando Justificaciones

 
Para manejar la culpa, los soldados suelen entrar en una fase de racionalización, y reforzado por compañeros encontrarán razones válidas que justifiquen un actuar que en otro contexto les hubiese parecido abominable. En este punto, se revisan una y otra vez las razones que llevaron a la ruptura, intentando convencerse de que fue la decisión correcta. Este proceso es crucial para evitar quedar atrapado en un ciclo interminable de remordimientos y auto-recriminaciones.
 

5. Aceptación o Negación: El Camino a Seguir

 
Finalmente, para poder continuar con su vida, un soldado puede llegar a aceptar que le quitó la vida a otro ser humano o simplemente vivir como si nunca lo hubiese hecho. Asimismo después de terminar una relación, una determinada persona puede aceptar la ruptura y comenzar a sanar, o puede negarse a enfrentar los sentimientos y quedar atrapada en un limbo emocional. La aceptación no es un proceso lineal ni fácil, pero es necesario para seguir adelante y encontrar paz.
 

Conclusión: La Importancia del Apoyo Psicológico

 
Terminar una relación es una experiencia profundamente dolorosa que puede dejar cicatrices emocionales duraderas. Al comprender estas etapas, puedes reconocer que es normal pasar por una variedad de emociones intensas. Sin embargo, es fundamental no enfrentar este proceso solo. Buscar apoyo psicológico puede hacer una diferencia crucial, ayudándote a navegar por estas etapas y emerger más fuerte.
 
Las rupturas son como pequeñas batallas en la guerra de la vida. No se trata de ganar o perder, sino de aprender a sanar y avanzar.
 

¿Necesitas apoyo profesional?

Presiona el botón verde para más información acerca de cómo una ruptura puede afectar a tu salud mental y lo más importante: como recuperarte.

Deja un comentario