El maravilloso viaje del desapego [PARTE 2]

¿Por qué esa persona empezó a ser importante para ti?

En la primera parte de esta serie recordamos algo que suele pasar desapercibido.

Hubo un tiempo en que esa persona no significaba absolutamente nada para ti.

No despertaba ilusión.

No despertaba ansiedad.

No despertaba esperanza.

Era simplemente una persona más.

Entonces surge una pregunta inevitable:

¿Qué pasó para que llegara a convertirse en alguien tan importante?

Curiosamente, esa es una de las primeras preguntas que trabajamos en terapia.

Muchas personas llegan buscando una respuesta distinta.

Quieren saber cómo dejar de sufrir.

Cómo dejar de pensar.

Cómo dejar de extrañar.

Y es completamente comprensible.

Pero antes de hablar de cómo recuperar la tranquilidad, primero necesitamos comprender qué ocurrió dentro de tu organismo para que esa persona adquiriera un significado emocional tan profundo.

Para explicarlo, suelo contar una historia muy conocida en psicología.

A finales del siglo XIX, el fisiólogo ruso Iván Pavlov estaba estudiando el sistema digestivo de los perros. Su objetivo no era investigar el amor ni las emociones, sino comprender cómo funcionaba la salivación.

Cada vez que presentaba comida a un perro, este comenzaba a salivar. Era una respuesta completamente natural del organismo.

Sin embargo, con el paso del tiempo, Pavlov observó algo inesperado.

Los perros comenzaban a salivar antes de recibir la comida.

Bastaba con escuchar los pasos del investigador o verlo acercarse.

Fue entonces cuando diseñó un experimento.

Hacía sonar una campana y, de inmediato, presentaba la comida.

Al principio, la campana no producía ninguna respuesta especial.

Era solamente un sonido.

Pero, después de muchas repeticiones, ocurrió algo extraordinario.

La campana comenzó a anunciar la llegada del alimento.

Y llegó un momento en que bastaba con hacer sonar la campana para que el perro salivara, incluso cuando no había comida.

La campana no había cambiado.

Seguía siendo exactamente la misma.

Lo que había cambiado era el significado que el organismo había aprendido a darle.

Algo muy parecido ocurre cuando nos enamoramos.

Cuando conociste a esa persona, era emocionalmente neutra.

Podía aparecer o desaparecer de tu vida y nada importante ocurría dentro de ti.

Pero comenzaron las conversaciones.

Las sonrisas.

Los mensajes.

Los abrazos.

La complicidad.

La sensación de sentirte comprendido.

La seguridad.

Los proyectos compartidos.

Una y otra vez, tu organismo fue asociando a esa persona con experiencias profundamente significativas.

Sin darte cuenta, comenzó a aprender.

Y ese aprendizaje no ocurrió solamente en tus pensamientos.

Ocurrió en tu organismo.

Así como el perro del experimento terminó salivando al escuchar la campana, tu organismo comenzó a emitir respuestas fisiológicas cada vez que aparecía esa persona.

Quizás tu corazón latía un poco más rápido cuando recibías un mensaje suyo.

Quizás sentías una agradable sensación en el pecho al abrazarla.

Quizás tu respiración se hacía más lenta cuando estaban juntos.

Quizás tus músculos se relajaban al sentirte seguro a su lado.

O aparecía esa mezcla de entusiasmo, tranquilidad y energía que solemos llamar enamoramiento.

Todo eso también es aprendizaje.

Más específicamente, es un aprendizaje por asociación (condicionamiento clásico).

No lo decidiste.

No ocurrió porque una mañana despertaras pensando: “Hoy voy a acelerar mi corazón cuando vea a esta persona”.

Tu organismo simplemente aprendió a responder de esa manera.

Nuestro organismo aprende constantemente a asociar estímulos con respuestas fisiológicas y emocionales.

Por eso, con el tiempo, bastaba con verla.

Escuchar su voz.

Leer su nombre en la pantalla del teléfono.

Percibir su perfume.

O incluso imaginarla.

Y esas respuestas aparecían automáticamente.

No tenías que hacer nada.

Simplemente ocurrían.

No era una decisión.

Era un reflejo aprendido.

Pero todo aprendizaje tiene dos caras.

Si la presencia de esa persona comenzó a anunciar bienestar, su ausencia empezó a anunciar pérdida.

Y así, poco a poco, tu organismo también aprendió a responder cuando esa persona se alejaba.

Quizás con un nudo en el estómago.

Con una presión en el pecho.

Con el corazón acelerado.

Con dificultad para respirar.

Con tensión muscular.

Con una profunda sensación de vacío.

Por eso una ruptura duele tanto.

Porque no solamente extrañas a una persona.

Tu organismo está emitiendo respuestas fisiológicas que aprendió durante la relación.

No son respuestas imaginarias.

No son un signo de debilidad.

Son respuestas fisiológicas que un organismo aprendió a emitir como consecuencia de una historia de aprendizaje.

Comprender esto no elimina el sufrimiento.

Pero cambia profundamente la manera de mirarlo.

Porque deja de parecer un misterio.

Y empieza a tener una explicación.

Cada vez que explico esto en terapia, casi siempre ocurre lo mismo.

La persona guarda silencio unos segundos.

Asiente con la cabeza.

Y luego me dice:

“Ya entendí por qué me pasa esto… pero ahora dime cómo me saco este aprendizaje.”

Esa es, precisamente, la pregunta que responderemos en la próxima parte de esta serie.

Porque comprender cómo aprendiste a amar es el primer paso.

Aprender cómo ayudar a tu organismo a dejar de emitir esas respuestas de estrés cuando esa persona aparece en tu mente, en un recuerdo o en tu vida… ese será el verdadero comienzo del maravilloso arte del desapego.

Nos vemos en la parte 3 y como siempre estaré encantado de leer tus comentarios y preguntas.

© Hugo Huerta Fernández — El maravilloso viaje del desapego. Todos los derechos reservados.

37 comentarios en «El maravilloso viaje del desapego [PARTE 2]»

  1. Hola buenos días, espero.estes muy bien, estoy iniciando a leer todo esto he visto 2 de tus vídeos y me identificó demasiado con ellos, yo al.ssr casado y enamorarme de una chica mas joven y que al final terminamos porque en su momento pensaba, es lo mejor para mi familia me ha costado mi tranquilidad, mi sentido de la vida, encontrando esta lectura y cosas que ya había conocido en otros momentos me cuesta trabajo este desapego a ella, porque la extraño mucho y siento que cada esfuerzo que hago por estar tranquilo ante mis pensamientos sigo regresando al punto de extrañarla, este aprendizaje ha sido muy aferrado y por mas semanas y meses que llevo, sigo regresando al punto. en el que la extraño y siento que no me estoy permitiendo vivir feliz. espero seguir con los capítulos y cada vez mejorar, te agradezco por esto que haces.

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  2. Estuve 20 años en una relación, no vivímos juntos, pero si trabajábamos juntos, hasta ahora no tengo muy claro que motivó el término de su parte, sólo se que me quedé sin trabajo, sin relación de pareja, con una enorme tristeza y mucho miedo a mi futuro , de ésto hace ya 6 años, pero sólo 6 meses que preferí tomar el contacto cero, ya que él me contaba sobre su nueva pareja. Todo se pone más difícil aún, cuándo tienes 63 años y el proyecto de compartir pantuflas ya no existe.
    Sigo pegada y sigo sintiendo muchas emociones al recordar o al encontrar una fotografía por ahí guardada, estoy sin pareja, no quiero ni puedo, el amor duele. Leer lo que tú escribes, me da esperanzas de salir, gracias por eso.
    Espero ansiosa lo que sigue.

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    • Gracias por compartir tu historia. Después de 20 años de vínculo, es completamente comprensible que una fotografía, un recuerdo o incluso encontrarte con algo relacionado con esa persona todavía pueda movilizarte. Y además no solo terminaste una relación: también perdiste un trabajo, un proyecto de vida y una idea de futuro que habías construido durante muchos años.

      Quizás por eso sea importante que no interpretes lo que sientes como una incapacidad para desapegarte. Tu organismo aprendió durante muchos años a asociar a esa persona con una parte importante de tu vida, y esos aprendizajes no desaparecen simplemente porque la relación terminó.

      Y justamente de eso estamos hablando en esta serie. En la Parte 3: “Tu cuerpo también aprendió”, comenzamos a mirar qué ocurre cuando aparece una fotografía, un recuerdo o la presencia de esa persona, y cómo nuestro organismo puede responder automáticamente frente a esos estímulos.

      Si todavía no la has visto, te invito a continuar con la Parte 3, porque desde ahí comenzamos a pasar de comprender lo que nos ocurre a aprender qué podemos hacer con ello.

      Y respecto de esas “pantuflas” que imaginabas compartir… quizás hoy no puedas imaginar otro proyecto, pero no necesitas hacerlo ahora. Primero hay que recuperar tu tranquilidad. Lo demás puede venir después. ❤️

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  3. llevo 32 anos, con mí marido , 25 de casados un hijo hasta q un día por el trabajo o no sé q estaba más distante sentía q me ignoraba se iba temprano volvía de noche y dejo de mirarme decirme cosas lindas , empecé a encontrar llamadas y me decía q no sabía de quién era , msjs a otras chicas y eso me hizo cometer errores a mí lo engañe, se enteró fue un caos me perdono pero todo lo de el siempre lo negó, seguimos bien todo como antes hice terapia pasaron los anos, volvió a alejarse y a estar nada en casa x trabajo emp las dudas lo volví a engranar , el me decía q el no me estaba en ganando q eran ideas mías pasaron 4 Anos, y la ex amante me mandó todas las pruebas ahí no le quedó otra q decirme q si pero q fue xq yo lo engañé y de ahí q pasaron 2 anos q vi todo no lo puedo perdonar y todo se está tornando un caos yo estoy hac bien las cosas pero ahora dudo de el por todo , cdo me lo negaba decía eran ideas mías y yo por celos hice las cosas mal , hoy con las pruebas de lo q me hizo no confío en el en nada

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    • Gracias por compartir tu historia. Hay mucho dolor y muchos años de historia en lo que cuentas. Y creo que hay algo importante que distinguir: una cosa es reconocer tus propios errores y hacerte responsable de ellos, y otra muy diferente es tener que cargar con la responsabilidad de las decisiones que tomó la otra persona.

      Después de tantos años de relación, y después de haber vivido períodos de cercanía, distancia, dudas, negaciones y finalmente la confirmación de aquello que sospechabas, es comprensible que hoy la confianza esté profundamente afectada. La confianza no se reconstruye simplemente diciéndonos “tengo que volver a confiar”.

      Y esto también tiene relación con lo que estamos revisando en esta segunda parte. Durante una relación nuestro organismo aprende a asociar a esa persona con determinadas experiencias. Si junto con el cariño y los momentos buenos aparecen incertidumbre, distancia, sospecha o dolor, también podemos aprender a responder emocionalmente frente a esas señales.

      Por eso, a veces la cabeza dice “quiero estar bien”, mientras nuestro organismo permanece atento, buscando señales y preparándose para aquello que alguna vez nos hizo daño.

      No necesitas resolver en este comentario si debes perdonar, continuar o terminar. Eso merece un espacio mucho más profundo y, si lo consideras necesario, puede ser muy valioso trabajarlo en terapia.

      Te invito a continuar con la Parte 3, porque allí comenzamos justamente a mirar qué ocurre con esas respuestas en nuestro cuerpo y cómo podemos empezar a trabajar con ellas. Ese es el siguiente paso de este maravilloso viaje del desapego. ❤️

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  4. yo estuve separada mas de un año,llevabamos 37 años casados el tenia otra persona un dia me hablo salimos ,siento que ahora lo paso tan bien con el ,me llamaba todo el día,pero derrepente empezó hablarme menos y me siento triste ansiosa que no se como controlarme

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    • Lo que cuentas refleja muy bien una de las ideas centrales de esta segunda parte.

      Después de 37 años de matrimonio, una separación de más de un año y luego el reencuentro con él, comenzaron nuevamente los encuentros, las llamadas, la atención y el contacto. Y poco a poco esa presencia empezó a asociarse con una sensación de bienestar.

      Por eso quizás hoy puedas observar algo muy concreto: cuando él te llamaba mucho, tú te sentías bien; cuando comenzó a llamarte menos, apareció la tristeza y la ansiedad.

      No significa que estés “loca”, que seas débil ni que simplemente te falte voluntad para controlarte. Tu organismo puede haber aprendido a responder a esos cambios en el contacto.

      Y aquí aparece algo muy importante: quizás el objetivo no sea aprender a controlarte, sino comenzar a comprender y reconocer qué está ocurriendo en ti cuando él aparece, cuando se acerca, cuando se aleja o cuando disminuye el contacto.

      Porque si entendemos que también existe un aprendizaje detrás de esa respuesta, entonces aparece una pregunta mucho más interesante:

      ¿Se puede aprender a responder de una manera diferente?

      Justamente hacia allá vamos en El maravilloso viaje del desapego.

      En la Parte 3 comenzaremos a dar ese paso: no solamente comprender lo que ocurre, sino empezar a observar y trabajar con esas respuestas que aparecen en nuestro propio organismo.

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  5. me pasó que apareció despues de 25 años que fuimos novios,me escribió por FB y volvimos a vernos, salimos 3 veces por café, platicábamos y la cita 3 platicamos mucho más. La cita 4 me invitó a su casa y fue el primer beso y de dónde empezó la frecuencia en todo y más cercanía, pero al cabo de 3 meses saliendo decidió terminar la relación y alejarse totalmente de mi, llevo apenas 15 días de que eso pasó y no puedo sentirme bien porque no entiendo qué pasó. Pero antes de eso él recibió la noticia de la mamá de sus hijos, que estarían con él en cierto tiempo, en esa misma semana él terminó la relación y no entiendo qué pasó, él se ha tomado distancia y no quiere saber nada de mi, ni siquiera ver mis estados de redes sociales… Pero porqué no me bloquea si no quiere saber de mi?

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    • Entiendo por qué estás buscando respuestas. Cuando una relación termina de manera inesperada, nuestra mente intenta reconstruir lo ocurrido: “¿Qué pasó?”, “¿por qué cambió?”, “¿por qué se alejó?”, “¿por qué no me bloquea?”. Necesitamos encontrar una explicación que nos permita comprender algo que emocionalmente todavía no conseguimos asimilar.

      Pero hay algo importante: algunas de esas preguntas quizás nunca podamos responderlas con certeza, especialmente cuando se refieren a lo que ocurre dentro de otra persona. Solo él podría explicar realmente por qué tomó esa decisión y qué significó para él lo que ocurrió esa semana.

      Lo que sí podemos comprender es lo que está ocurriendo contigo.

      En estos tres meses hubo encuentros, conversaciones, intimidad y experiencias compartidas. Y mediante esas experiencias tu organismo comenzó a construir asociaciones: esa persona empezó a estar vinculada con atención, cercanía, ilusión, bienestar y otras emociones.

      Por eso, aunque racionalmente puedas decir “solo fueron tres meses”, emocionalmente la experiencia puede haber adquirido una importancia mucho mayor.

      Y cuando la relación termina abruptamente, aparece la ausencia de todos esos estímulos que tu organismo había comenzado a asociar con esa persona.

      Entonces las preguntas pueden aparecer una y otra vez. Y a veces esas preguntas no tienen solamente la función de encontrar una respuesta: también pueden ser una forma de intentar mantener el vínculo, buscar señales o disminuir la incertidumbre.

      Por eso, en este proceso, quizás sea tan importante como preguntarte “¿por qué él hizo esto?” comenzar a preguntarte:

      “¿Qué está ocurriendo conmigo mientras intento encontrar esa respuesta?”

      Eso también forma parte del maravilloso viaje del desapego: comprender cómo alguien puede llegar a ocupar un lugar tan importante en nuestro organismo y aprender, poco a poco, a recuperar nuestro bienestar sin necesitar tener todas las respuestas sobre la otra persona.

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  6. antes era una persona muy cerrada, era muy difícil que confiara en alguien, pero llegó el y con su trato constante hizo que bajara la guardia y poco a poco a pesar que varias personas intentaron acercarse nunca se los permiti, pero el logro lo que nadie pudo, comenzamos una relación y todo iba muy bien me trataba de lo mejor me hacía sentir la mas amada y confiaba ciegamente en el pues por sus acciones jamas pensé que llegaría a verme la cara, me enteré que tiene una relación con una compañera d trabajo la cual me habla muy bien, no queria creerlo, me dolía mucho saberlo pero no he tenido el valor d decirle las cosas y poner fin a esto la verdad no se que hacer….

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    • Gracias por compartir algo tan íntimo. Y creo que tu historia muestra muy bien lo que estamos intentando comprender en esta segunda parte de El maravilloso viaje del desapego.

      Tú misma describes cómo ocurrió: eras una persona a la que le costaba mucho confiar, pero su trato constante hizo que bajaras la guardia. Con el tiempo, sus acciones fueron asociándose a experiencias de confianza, seguridad, amor y bienestar. Él consiguió entrar en un lugar emocional al que antes no habías permitido llegar a nadie.

      Por eso, cuando hoy aparece una información que contradice todo lo que habías aprendido sobre esa persona, no es extraño que exista tanta confusión, dolor y dificultad para saber qué hacer. No estamos hablando solamente de lo que racionalmente piensas de él, sino también de todas las asociaciones emocionales que se fueron construyendo durante la relación.

      Y esto es importante: comprender por qué te cuesta soltar no significa justificar lo que haya ocurrido ni decirte qué decisión debes tomar. Significa entender qué está pasando dentro de ti.

      Ese aprendizaje emocional puede modificarse. No es inmediato ni necesariamente ocurre solo porque pase el tiempo, pero puede trabajarse.

      Y precisamente de eso trata este viaje: primero comprender cómo una persona que antes no significaba nada llegó a ocupar un lugar tan importante en nuestra vida y, después, aprender qué podemos hacer con todo aquello que quedó aprendido.

      Si sientes que sola no sabes cómo abordar todo esto, la terapia psicológica también puede ofrecerte un espacio para mirar tu situación particular con calma, sin decirte qué decisión tomar, sino ayudándote a comprender y trabajar lo que estás viviendo.

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    • Me pasó que me divorcié y luego conocí alguien apenas me llamaba me sentía emocionada, sus mensajes me emocionaban si se ocupaba el fin de semana me deprimía me ponía triste sino aparecía, pasan mayor tiempo con sus hijos y no conmigo me afectaba mucho. Hasta que empecé a sentir celos alejarme poco a poco. Y bueno aveces me siento triste cuando no sé de él y cuando él a raíz de yo alejarme se aleja también. Empecé a escribir con un. Amigo frecuentemente y vuelvo a sentir esa necesidad de felicidad y angustia sino nos escribimos sino se nada de él

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      • Gracias por compartir tu experiencia. Y hay algo muy interesante en lo que cuentas: tú misma estás comenzando a reconocer un patrón.

        Primero ocurrió con esa persona: sus llamadas, sus mensajes y su atención comenzaron a asociarse con una sensación de bienestar y, cuando esa atención disminuía, aparecían tristeza, ansiedad o angustia. Y ahora observas algo parecido con este amigo: cuando hay contacto y comunicación aparece esa sensación de bienestar, y cuando el contacto desaparece aparece nuevamente la necesidad y la inquietud.

        Esto conecta directamente con lo que estamos hablando en esta segunda parte. Nuestro organismo puede aprender a asociar determinadas señales —un mensaje, una llamada, la atención de alguien, saber que está disponible— con una sensación de bienestar. Y cuando esa señal desaparece, podemos experimentar malestar.

        Lo valioso es que ya estás pudiendo observarlo. Porque cuando comenzamos a reconocer el patrón, dejamos de vivirlo solamente desde dentro de la emoción y podemos empezar a preguntarnos: “¿Qué está pasando conmigo en este momento? ¿Qué estoy necesitando? ¿Qué estoy haciendo para sentirme mejor?”.

        No se trata de controlar las emociones ni de impedir que alguien nos importe. Se trata de aprender a relacionarnos con ellas de una manera en la que no sean ellas las que terminen dirigiendo nuestra vida.

        Eso se puede trabajar. Y muchas veces la terapia es precisamente ese espacio donde podemos comprender estos patrones, aprender a regular nuestras respuestas y desarrollar nuevas formas de relacionarnos con lo que sentimos.

        Y justamente de eso vamos a seguir hablando en El maravilloso viaje del desapego.

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  7. después de 15 años y 2 matrimonios, vuelve a buscarme diciendo que soy el amor de su vida!!!
    queriendo tenerme como segunda opción.. como lidiar con la realidad de que le dio a otra mujer todo lo que me iba a dar a mi, una boda religiosa y una vida juntos, tenemos un hijo de casi 15 años …
    yo pensaba que era el amor de mi vida, lo anhelaba y ahora me siento tan mal y a pesar de que me dice te amo, duerme con alguien más..
    siento un vacío en el pecho y ahora me siento fatal por todo esto …siento que me manipula y me chantajea emocionalmente, diciéndome que no suelte su mano, que me ama ..
    ya no se que hago ni donde estoy parada

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    • Gracias por compartir algo tan íntimo. Después de 15 años, un hijo en común y toda una historia construida alrededor de esa persona, es completamente comprensible que estés viviendo un conflicto tan fuerte entre lo que sabes y lo que sientes.

      Y hay algo de tu relato que conecta directamente con lo que estamos hablando en esta segunda parte: las respuestas que aprendemos a tener frente a una persona no desaparecen automáticamente porque nuestra relación con ella haya cambiado.

      Puedes saber que una situación te hace daño y, al mismo tiempo, seguir sintiendo una enorme necesidad de acercarte, esperar, creer o aferrarte a aquello que alguna vez deseaste con esa persona.

      Eso no significa que seas débil ni que no entiendas lo que está ocurriendo. Significa que estás frente a una historia de aprendizaje emocional que lleva muchos años.

      Y quizás hay otra pregunta importante detrás de todo esto: no solamente “¿me ama?”, sino “¿qué efecto tiene en mí esta relación tal como existe hoy?”

      Porque alguien puede decirte “te amo” y, al mismo tiempo, la realidad de la relación puede estar produciéndote incertidumbre, dolor, vacío y confusión. Aprender a mirar esa diferencia también forma parte del proceso de desapego.

      No tienes que resolver 15 años de historia de un día para otro.

      Y quiero decirte algo que considero importante: todo lo que estamos conversando aquí puede ayudarte a comprender algunos aspectos de lo que estás viviendo, pero cada historia es diferente. La terapia psicológica ofrece justamente un espacio de acompañamiento donde, además de comprender estos procesos generales, puedes detenerte en tu propia historia, en tus respuestas, en tus circunstancias y en aquello que específicamente está manteniendo tu sufrimiento.

      No se trata solamente de saber qué te ocurre, sino también de poder trabajar, acompañada, en cómo empezar a responder de una manera diferente.

      Así que vamos a seguir abordando estos temas aquí, pero si en algún momento sientes que necesitas mirar tu caso con mayor profundidad, la terapia psicológica también puede ser un espacio para hacerlo.

      Y gracias nuevamente por compartir tu experiencia. Lo que estás viviendo merece ser mirado con cuidado, sin juzgarte y sin exigirte resolverlo todo de una vez.

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  8. cómo saber si el dolor se está volviendo sufrimiento?yo llevo 10 meses desde la ruptura y ya no se que más hacer para poder seguir con mi vida y volver a sentirme realmente bien. ya acepté ,ya entendí y me fui en paz de dónde no me eligieron más. sin reproches ni exigencias. solo con la certeza de que el amor no se persigue. Pero a veces creo que necesito ayuda profesional porque llevo casi un año así.

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    • Lo que describes es muy importante, porque una cosa es sentir dolor por una ruptura y otra es que ese dolor siga ocupando un lugar tan grande en tu vida que sientas que no puedes avanzar.

      En la segunda parte de El maravilloso viaje del desapego hablamos justamente de esto: nuestro organismo aprende asociaciones a través de las experiencias y esas asociaciones no desaparecen automáticamente porque la relación haya terminado. Por eso, aunque racionalmente hayas aceptado la ruptura, entendido lo ocurrido y sepas que hiciste lo correcto al irte, pueden seguir apareciendo respuestas emocionales ante determinados recuerdos, lugares, fechas o pensamientos.

      Y ahí puede ser necesario trabajar para ir modificando y extinguiendo progresivamente esas respuestas aprendidas.

      A veces, cuando nos duele el estómago durante varios meses, entendemos que es momento de consultar a un médico. Sin embargo, cuando llevamos meses con un dolor emocional que no conseguimos resolver, no siempre hacemos lo mismo y buscamos ayuda psicológica.

      Diez meses de dolor no significan que estés haciendo algo mal ni que no hayas avanzado. Pero si sientes que ya no sabes qué más hacer para volver a sentirte bien y recuperar tu vida, pedir ayuda profesional puede ser precisamente el siguiente paso.

      La terapia no significa que no hayas aceptado la ruptura. Significa que puedes tener un espacio de acompañamiento para trabajar específicamente lo que todavía sigue ocurriendo en tu caso.

      Y eso también es parte del desapego: no solamente entender que una relación terminó, sino aprender a vivir emocionalmente después de ella.

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  9. Justo estoy pasando por algo así y leer esto hoy me hizo muchísimo sentido. A veces uno entiende racionalmente lo que tiene que hacer, pero emocionalmente es muchísimo más difícil. Estoy tratando de aprender a desapegarme, recuperar mi tranquilidad y volver a ponerme a mí en primer lugar. ❤️ Gracias por compartir este contenido.

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    • Gracias por compartirlo. Y lo que dices resume muy bien una de las dificultades más frecuentes después de una ruptura: a veces nuestra cabeza ya comprendió algo que emocionalmente todavía no hemos conseguido procesar.

      Racionalmente puedes saber que necesitas desapegarte, que tienes que recuperar tu tranquilidad y volver a ponerte en primer lugar. Pero el organismo también participa en esta experiencia. Durante una relación vamos construyendo asociaciones: la presencia de esa persona puede quedar vinculada al bienestar, al afecto, a la seguridad o a la ilusión; y su ausencia puede comenzar a provocar inquietud, tristeza o sensación de vacío.

      Por eso no siempre basta con explicarnos las cosas una y otra vez. Comprender es importante, pero también necesitamos aprender a gestionar las respuestas emocionales que aparecen frente a su presencia, su ausencia, un mensaje, un recuerdo o cualquier otro estímulo asociado a esa persona.

      Y eso se puede trabajar. El objetivo no es dejar de sentir ni luchar contra las emociones, sino aprender progresivamente a relacionarnos con ellas de una manera diferente, hasta recuperar mayor libertad para decidir cómo queremos vivir y actuar.

      Justamente de eso trata este viaje del desapego: de comprender lo que nuestra mente y nuestro organismo aprendieron y de comenzar a modificar aquello que ya no necesitamos seguir manteniendo.

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  10. gracias por compartir, deseo enormemente dejar de sentir eso y que mi estado emocional no dependa de el quiero vivir el duelo y aprender a que su presencia o ausencia no me hagan sentir q me falta algo

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    • Gracias por compartirlo. Y lo que describes (querer que tu estado emocional no dependa de esa persona, poder vivir el duelo y llegar a sentir que su presencia o ausencia ya no determina cómo te encuentras) son precisamente algunas de las preocupaciones que muchas personas llevan a terapia psicológica.

      Por eso me alegra que hayas llegado a este contenido, porque estamos hablando de algo que la psicología lleva mucho tiempo estudiando: cómo aprendemos determinadas respuestas, cómo se mantienen y cómo podemos modificarlas.

      A veces, cuando hablamos de la conducta humana, terminamos buscando respuestas solamente en la filosofía, en la religión, en la espiritualidad o incluso en explicaciones esotéricas. Y no necesariamente hay algo malo en buscar sentido allí. Pero también existe una disciplina científica dedicada específicamente a estudiar el comportamiento, las emociones, los pensamientos y las relaciones humanas: la psicología.

      Y creo que muchas veces desaprovechamos la posibilidad de acercarnos a ella cuando estamos sufriendo.

      Así que bienvenida a este espacio. ❤️

      Vamos a seguir hablando de cómo podemos comprender lo que nos pasa y, sobre todo, de cómo podemos aprender nuevas formas de responder.

      Porque sí: es posible llegar a un punto en que la presencia o ausencia de otra persona ya no determine cuánto bienestar puedes sentir en tu propia vida.

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    • Gracias por compartirlo. Y justamente lo que estás describiendo es una de las claves de lo que estamos hablando en esta segunda parte de El maravilloso viaje del desapego.

      A través de las experiencias y asociaciones que vamos construyendo dentro de una relación, nuestro organismo puede aprender a sentirse bien con la presencia de esa persona y a experimentar malestar, ansiedad o sensación de vacío ante su ausencia.

      El problema es que, cuando la relación termina, ese aprendizaje no desaparece automáticamente.

      Con el tiempo puede modificarse, sí, pero no necesariamente ocurre de manera espontánea. Por eso, muchas veces no basta con entender racionalmente que la relación terminó. Hay respuestas emocionales que también necesitan ser trabajadas para que, progresivamente, puedas recuperar tu bienestar sin que dependa de la presencia o ausencia de otra persona.

      Y ese es justamente el proceso que vamos a ir explorando en El maravilloso viaje del desapego: cómo se construyen esas asociaciones y, posteriormente, cómo podemos comenzar a modificarlas.

      Y si sientes que estás teniendo dificultades para hacerlo por tu cuenta, la terapia psicológica puede ser un espacio de acompañamiento para trabajar específicamente lo que está ocurriendo en tu caso.

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  11. y si la persona ya no esta en este mundo? y nunca la conocí físicamente solo algo a distancia donde cada dia llenaba espacios vacíos

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    • Gracias por tu pregunta. Y aquí hay algo muy importante: para que una persona llegue a ser emocionalmente significativa, no es necesario haberla conocido físicamente.

      Si durante mucho tiempo esa persona estuvo presente a través de mensajes, llamadas, conversaciones, atención, compañía o simplemente la expectativa de que estuviera, tu organismo pudo aprender a asociarla con determinadas experiencias: tranquilidad, compañía, placer, seguridad, ilusión o bienestar.

      Y probablemente también aprendió lo contrario: cuando no respondía, cuando se alejaba o cuando no había comunicación, aparecían ansiedad, angustia, incertidumbre o sensación de vacío.

      Por eso, aunque esa persona ya no esté en este mundo —o aunque nunca haya existido un encuentro físico—, lo que permanece después de la pérdida son las respuestas que aprendiste a realizar en relación con ella.

      No extrañas solamente a una persona. También estás experimentando la ausencia de todas aquellas experiencias que tu organismo había aprendido a asociar con esa persona.

      Y aquí volvemos exactamente a la pregunta con la que termina esta parte:

      ¿Cómo dejamos de hacer las respuestas que aprendimos a hacer?

      La respuesta comienza por entender que, si fueron aprendidas, pueden ser modificadas y desaprendidas.

      Esto no significa negar lo que sentiste, borrar los recuerdos ni convencerte de que esa persona no fue importante. Significa comenzar a construir nuevas experiencias y nuevas formas de responder frente a aquello que antes activaba las respuestas aprendidas.

      Cada historia es diferente. Pero el principio es el mismo:

      lo que aprendimos a sentir, pensar y hacer en determinadas circunstancias puede volver a aprenderse de otra manera.

      Y ese será precisamente el siguiente paso de este maravilloso viaje del desapego.

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      • tal vez parezca mentira lo que te voy a decir pero uno de mis problemas es que yo estaba del otro lado del teléfono cuando murio y escuche sus últimas palabras y es una situación que no dejo de repetir en mi cabeza

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        • Gracias por compartir algo tan difícil. Y no, no parece mentira. Es completamente comprensible que un momento así pueda quedar dando vueltas en tu cabeza una y otra vez. Estuviste al otro lado del teléfono, escuchaste sus últimas palabras y ese momento quedó asociado a una experiencia emocional de una intensidad enorme.

          Y, aunque la historia sea muy distinta de las que hemos venido comentando, volvemos a encontrarnos con algo que hemos estado hablando en esta parte: nuestro organismo aprende respuestas frente a determinadas experiencias. Y algunas experiencias dejan una huella especialmente intensa.

          Por eso quiero aprovechar tu comentario para decir algo importante.

          Leer este ensayo, leer libros de autoayuda, escuchar podcasts o ver videos puede ayudarnos a comprender lo que nos ocurre. Pero hay experiencias que no deberíamos intentar resolver solamente consumiendo contenido.

          Si tuviéramos una enfermedad o una lesión física que nos estuviera afectando, probablemente no pensaríamos que basta con leer sobre ella en internet. Buscaríamos ayuda profesional.

          Con el sufrimiento psicológico debería ocurrir algo parecido.

          Si hay un recuerdo que vuelve una y otra vez, que te provoca un nivel importante de angustia o que sientes que no puedes manejar por ti mismo, vale la pena buscar un espacio terapéutico donde puedas trabajar esa experiencia acompañado por un profesional.

          No porque estés haciendo algo mal.

          No porque seas débil.

          Sino porque hay dolores que merecen ser acompañados.

          Y gracias nuevamente por haber compartido tu experiencia. Quizás tu comentario también ayude a que otra persona que está viviendo algo parecido entienda que no tiene por qué enfrentarlo completamente sola.

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  12. Entiendo lo q dice, pero no entiendo como una persona te dice, ya no siento nada x ti, no veo futuro contigo, estoy vacío después de 8 años, ahora como hago yo para lidiar con esas palabras, xq antes de decirlo sentia su amor, entonces como hago yo para decir lo mismo q el y q yo ya no sienta nada x esa persona, gracias

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    • Gracias por tu pregunta. Creo que lo que planteas tiene dos partes muy importantes: cómo puede una persona pasar de decirte «te amo» a decirte «ya no siento lo mismo», y cómo haces tú para adaptarte a ese cambio.

      Volvamos al ejemplo del trabajo.

      Imagina que durante años trabajaste en una empresa. Tu jefe te decía que eras un excelente trabajador, te felicitaba por lo que hacías y tú aprendiste a levantarte cada mañana pensando en ese trabajo, a preocuparte por hacerlo bien, a cumplir, a responder a las exigencias y también a sentir satisfacción cuando recibías reconocimiento.

      Pero un día tu jefe te dice: «Ya no vamos a continuar contigo».

      El hecho de que durante años te haya dicho que eras un excelente trabajador no impide que la relación laboral pueda terminar.

      Y entonces ocurre algo extraño: al día siguiente quizás despiertas pensando que tienes que ir a trabajar. Durante un tiempo puedes seguir sintiendo que deberías estar allí, que tienes que cumplir, que tienes que responder a ese jefe o que necesitas saber qué está ocurriendo en la empresa.

      Pero ya no tienes ese trabajo.

      La situación cambió, pero tu aprendizaje no cambia automáticamente al mismo tiempo.

      Y con una relación puede ocurrir algo parecido.

      Durante años una persona pudo decirte «te amo», buscarte, abrazarte, preocuparse por ti y construir contigo una relación en la que ambos aprendieron a responder de determinadas maneras. Pero eso no significa que esas respuestas tengan que permanecer iguales para siempre.

      La otra persona puede cambiar sus sentimientos, sus decisiones o su manera de relacionarse contigo.

      Y ahí aparece una de las partes más difíciles de una ruptura: tú puedes seguir respondiendo de acuerdo con lo que aprendiste durante años, mientras la otra persona ya está respondiendo de una manera diferente.

      No significa necesariamente que lo que vivieron haya sido falso.

      Significa que la historia cambió.

      Y entonces tú tienes que comenzar a adaptarte a una realidad nueva.

      Así como una persona que pierde un trabajo necesita aprender que ya no tiene que levantarse cada mañana para ir a esa empresa, quien termina una relación necesita aprender progresivamente que esa persona ya no ocupa el mismo lugar en su vida.

      Eso incluye aprender a responder de otra manera frente a su ausencia, a sus recuerdos, a sus mensajes, a los lugares, a las fechas y a tantas otras cosas que quedaron asociadas a esa relación.

      Y esto es importante: no se trata simplemente de decirte «deja de sentir».

      Se trata de un proceso de aprendizaje.

      Tu relación terminó en un momento determinado, pero las respuestas que aprendiste durante esos años no necesariamente terminan ese mismo día.

      Por eso puede tomar tiempo.

      Y por eso también puede trabajarse.

      No basta con saber que el trabajo terminó. Tu organismo tiene que aprender que ya no tienes que ir.

      Y con el desapego ocurre algo parecido: no basta con saber que la relación terminó. Hay respuestas que todavía tienen que aprender que ya no necesitan ocurrir.

      De cómo se puede comenzar a modificar esas respuestas hablaremos en la Parte 3.

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    • Gracias por ver el contenido y comentar, la parte 3 estará disponible a contar del 17 de Agosto y si estas en el grupo de whatsapp te lo enviaré directo ese día

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  13. ENTIENDO QUE EL AMOR ES UN APRENDIZAJE, PERO COMO HAGO PARA APRENDER A OLVIDAR LO QUE HE APRENDIDO. ME HACE DAÑO QUEDER LO QUE SIENTO, COMO PASO DE ESTAR EN AUTOMATICO ESE APREDIZAJE POR QUE NO PUEDO CONTROLARLO.

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    • Gracias por tu comentario y por tu pregunta. Y creo que justamente ahí está una de las partes más importantes del proceso de desapego.

      No se trata de aprender a olvidar lo aprendido. Se trata de generar nuevos aprendizajes.

      Cuando una persona ha llegado a ocupar un lugar muy importante en nuestra vida, muchas respuestas pueden comenzar a aparecer de manera bastante automática: pensamientos, recuerdos, impulsos, conductas, expectativas e incluso formas de reaccionar frente a determinadas situaciones.

      Por eso muchas veces no basta con decirse “tengo que dejar de pensar en él” o “tengo que olvidarla”. El cambio requiere tomar conciencia de lo que está ocurriendo y comenzar a modificar conductualmente aquello que mantiene ese aprendizaje.

      Y para que exista un nuevo aprendizaje tienen que existir también experiencias nuevas.

      Aprender a estar sin esa persona.
      Aprender a tolerar emociones que antes intentábamos evitar.
      Aprender a relacionarnos de otra manera con los recuerdos.
      Aprender a construir nuevamente nuestra vida sin que todo gire alrededor de ese vínculo.

      Eso no ocurre de un día para otro, ni significa que puedas controlar voluntariamente cada pensamiento o cada emoción. Significa que, poco a poco, puedes comenzar a tener nuevas experiencias y nuevas formas de responder.

      Y muchas veces hacer ese proceso acompañado facilita enormemente el camino.

      Eso es precisamente parte de lo que trabajamos en psicoterapia: comprender qué está manteniendo el aprendizaje actual, desarrollar nuevas conductas y generar las condiciones para que puedan aparecer nuevos aprendizajes.

      Por eso, si sientes que estás atrapado en ese “piloto automático” y que hacerlo por tu cuenta está siendo demasiado difícil, buscar ayuda profesional puede ser una buena manera de comenzar ese proceso.

      Ese es, finalmente, el sentido del desapego: no borrar lo vivido, sino aprender a vivir de una manera diferente después de haberlo vivido.

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