¿Terminaron contigo? Sigue esta guía para la crisis

Ayer recibí en sesión a una paciente de 38 años. Acababa de terminar una relación que, en teoría, había finalizado “bien”. No hubo gritos ni traiciones. Solo una despedida con respeto y cuidado. Pero su cuerpo no lo sabía.

Ella llegó temblando. No podía dormir, no le entraba la comida, y su mente no paraba. Tenía pensamientos que se disparaban en todas direcciones. Estaba angustiada, atrapada en ese torbellino que se desata cuando se rompe un vínculo importante.

Y es que no basta con entender racionalmente que una relación terminó para sentirse en paz. El cuerpo muchas veces queda enganchado. El sistema nervioso, el corazón, la respiración, los músculos, el estómago, las hormonas… todo entra en un estado de alerta. Es estrés puro. Estrés de desapego.

En esos casos, lo primero no es entender el “por qué” de todo. No es buscarle sentido a la relación ni analizar qué falló. Eso viene después.

Lo primero es bajar las revoluciones. Regular el cuerpo. Cuidar la salud física y emocional.


Las primeras acciones de emergencia emocional

Lo que hicimos fue nombrar y validar su dolor. Lloró, se rió, recordó, dudó. Pudo contar su historia sin que nadie la corrigiera ni la apurara. Porque eso también es parte de empezar a sanar: tener un espacio seguro donde todo lo que uno siente tenga lugar.

Luego hablamos del impacto fisiológico del estrés: las ondas beta altas en el cerebro que alimentan la sobrecarga de pensamientos, los niveles de cortisol, el insomnio, la pérdida de apetito, la opresión en el pecho o en la garganta. Todo eso es real, y el cuerpo necesita ayuda para salir de ahí.

Conversamos sobre herramientas concretas de regulación emocional: respiración, relajación progresiva, afirmaciones positivas, movimiento corporal, alimentación consciente y —cuando es necesario— el acompañamiento farmacológico. Muchas personas se resisten a esta última opción, pero suelo decir:

“Cuando tienes diarrea, ¿te tomas un medicamento? Entonces, ¿por qué no lo harías cuando es el cerebro el que está descompensado?”

No es debilidad. Es autocuidado.


Co-regulación: no lo hagas sola

Otra parte clave es la co-regulación emocional, es decir, poder estabilizarte estando con otros. Y no necesariamente para hablar del tema. A veces eso ayuda, y otras veces solo enreda más.

Lo que realmente calma es estar con personas que no pregunten, que no opinen, que simplemente estén. Que te acompañen en silencio, sin apurarte ni juzgarte.

Y sí: también los perros cumplen un rol profundamente terapéutico. Son leales, sensibles, contenedores. No piden explicaciones ni emiten juicios. Solo están. Y cuando la confianza en los humanos se ha quebrado, el amor constante de una mascota puede ser un verdadero sostén.


El ambiente de cuidado: como una UCI emocional

Una tercera línea de acción fundamental es crear lo que yo llamo un ambiente de cuidado. Siempre les digo que esto es como si hubieras tenido un accidente grave y estuvieras en la UCI. Necesitas estar resguardada. Necesitas protección emocional.

Eso implica:

  • Poner en pausa el contacto con tu ex, aunque sus mensajes vengan con buena intención, esto no tiene por qué ser un bloqueo violento, sino más bien un establecimiento de nuevos límites para tomar tiempo y distancia con el fin de sanar y adaptarse al nuevo escenario vincular.
  • Silenciar notificaciones del celular.
  • Cuidar qué música escuchas, qué ves en redes, qué conversaciones tienes.
  • Alejarte de detonantes emocionales innecesarios.

Sé que a veces es difícil, sobre todo cuando hay espacios compartidos, como el trabajo. Pero incluso ahí, es posible modelar un entorno más amable. Uno que te sostenga en vez de exigirte.

Crear este “ambiente de cuidado” no es exagerado: es una forma de sobrevivencia emocional. Es darte lo que necesitas para poder después reconstruirte.


Y aquí aparece el valor de la terapia

Y en medio de todo esto, aparece la importancia de tener un espacio psicológico seguro. Un lugar donde puedas hablar de esto, sin filtros. Sin sentir que estás molestando, ni que deberías estar mejor ya.

Yo mismo, siendo psicólogo, no siempre puedo estar disponible para mis amigos cuando les pasa algo. Tengo pacientes, familia, compromisos. Y lo que puedo darles muchas veces es solo un mensaje de ánimo, un abrazo corto, un consejo bienintencionado. Pero no puedo estar siempre.

Y eso no solo me pasa a mí. A muchas personas de tu entorno también les pasa. No es que no te quieran, es que no saben cómo acompañarte en profundidad o simplemente no tienen el tiempo o el espacio emocional para hacerlo.

Ahí es donde la terapia se vuelve valiosa: te ofrece un espacio protegido, constante, hecho para ti. Un lugar donde puedas hablar de tu pena sin sentirte juzgada ni apresurada. Donde tu historia importa. Donde tu dolor tiene permiso de estar.


 Si estás pasando por esto, te acompaño

Muchas personas están viviendo exactamente lo mismo que tú: su mente ya entendió que todo terminó, pero su cuerpo aún no lo acepta.

Si necesitas ayuda para calmar la tormenta interna, crear un ambiente de cuidado y empezar a reconstruirte con calma, te acompaño. La terapia puede ser ese espacio y tiempo seguro donde puedas sentir que tu historia importa.

Simplemente presiona el botón más abajo y podrás contactarte conmigo rápidamente y de manera muy sencilla.

Hugo Huerta Fernández
Psicólogo y Fundador de corazonroto® 

4 comentarios en «¿Terminaron contigo? Sigue esta guía para la crisis»

  1. muchas gracias x todas sus explicaciones ya voy entendiendo , no estoy económicamente bien para las terapias personalizadas pero creo q con tus videos me ayudaré muchas gracias 🫂

    Responder
  2. no sabes lo mucho que me sirvió leer esto, llegué a tu perfil porque me apareció tu explicación del porque no sirve el contacto cero. a mí me detonó en crisis de pánico, y trastornos ansiosos. que poco a poco he tratado de ir corrigiendo.
    es por eso chicos, busquen ayuda, no todo es creer ser fuerte, es también serlo y no, no todos los somos emocionalmente hablando. saludos

    Responder

Deja un comentario