¿Terminaron contigo por violento? [que no te vuelva a pasar]

Cuando la ruptura duele más allá del amor

En la consulta psicológica, es frecuente recibir hombres que llegan en medio de una crisis tras una ruptura de pareja. Muchas veces la causa de esa ruptura ha sido la violencia ejercida dentro de la relación: violencia física, psicológica, o bien episodios de pérdida de control de los impulsos tanto con la pareja como con los hijos.

Estos hombres suelen llegar con denuncias, órdenes de alejamiento y un fuerte estigma social. Son vistos únicamente como “el agresor”. Sin embargo, detrás de esa etiqueta hay una persona que sufre, que enfrenta el dolor de la pérdida, la vergüenza de lo ocurrido y la dificultad de reconstruir su vida. Y aunque no justifica el daño que causaron, sí abre la puerta a una pregunta necesaria: ¿de dónde viene esta violencia?


El maltrato infantil como biografía común

Cuando indagamos en las historias personales de estos hombres, con frecuencia —si no en todos los casos— encontramos un pasado marcado por el maltrato infantil. Esto no es un detalle menor. En Chile, los datos son claros: entre 2021 y 2024, el 85 % de las víctimas de maltrato infantil fueron niños, y en la mayoría de los casos el agresor fue una mujer, usualmente la madre, que cargaba con la responsabilidad del cuidado.

Esto deja una huella profunda: en el guion relacional de esos niños, la experiencia de estar cerca de una mujer en un ambiente íntimo se asocia al estrés, al miedo o al dolor. En la adultez, ese aprendizaje temprano puede transformarse en conductas violentas dentro del hogar, como una forma automática de reaccionar ante situaciones de tensión y por otro lado de resolver situaciones de conflicto con el método que en su experiencia «funciona»: la violencia.


Cuando el pasado se repite en el presente

No es que todos los hombres maltratados en su infancia se conviertan en agresores, pero sí existe un patrón de repetición. La infancia enseña en algunos casos, que el conflicto en la relación íntima se resuelve con gritos, golpes o humillaciones. Y cuando la vida adulta expone a esos hombres a nuevas experiencias de estrés con sus parejas o hijos, el guion aprendido se activa.

Sumado a factores biológicos como la fuerza física o la impulsividad, el resultado puede ser una reacción desproporcionada que genera daño, ruptura y, finalmente, soledad.


El camino terapéutico: romper el ciclo

En terapia, el trabajo no se trata solo de procesar la ruptura o el dolor del desapego. Es también un viaje hacia el origen del comportamiento violento. Esto implica:

  1. Explorar la biografía: reconocer la historia de maltrato en la infancia y entender cómo ese guion se repite.
  2. Procesar el dolor: validar la herida de la ruptura y la carga del estigma, sin evadir la responsabilidad.
  3. Reprogramar las respuestas: aprender a regular las emociones, manejar los impulsos y construir nuevas formas de reaccionar en contextos de tensión.

La violencia no es un destino inevitable, sino un aprendizaje que puede ser desaprendido y transformado.


Reflexión final

Si terminaste una relación porque tu pareja ya no soportaba tu violencia, tienes dos caminos: quedarte atrapado en la culpa o hacer de esa experiencia el punto de inflexión para no repetir la historia.

El maltrato que sufriste de niño no lo elegiste. Pero el hombre que decides ser hoy sí depende de ti. La terapia no borra el pasado, pero sí puede darte las herramientas para que no te vuelva a pasar.

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Hugo Huerta Fernández – Psicólogo especializado en rupturas de pareja.

Fundador de corazonroto®

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