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Para sanar tu corazón roto, comienza por entender tu cerebro.

Si acabas de terminar una relación de pareja y lo estás pasando mal por esto, has llegado al sitio correcto, ya que aquí encontrarás información basada en evidencia científica que te ayudará a estar mejor.

Tal vez has estado buscando ayuda o consejos en diversas fuentes, lamentablemente la mayoría de las personas no toman muy en serio el sufrimiento de una persona que acaba de terminar una relación de pareja, por eso me dedico a entregar esta ayuda, para que las personas que lo necesiten encuentren un espacio donde son realmente comprendidas

Hay mucho que aprender y hacer para sentirnos mejor tras el término de una relación, y una de las más fundamentales es comprender como funciona nuestro cerebro.

La mayoría de nosotros sabe algunas cosas de anatomía o de como mantener la salud de algunas partes de nuestro cuerpo, pero de nuestro cerebro, la verdad es que sabemos poco; muchas mamás, dicen por ejemplo a sus hijos pequeños: «no te llevaré al supermercado porque está lloviendo y no quiero que resfríes», pero muy pocas les dicen: «no te llevaré al supermercado porque hay muchos juguetes y no quiero que te estreses». Así como padres, parejas de alguien, estudiantes o miembros de una familia pasamos por alto el cuidado de nuestro cerebro y su desarrollo en nuestros hijos e hijas.

En este artículo, te voy a contar algunos interesantes aspectos de nuestro cerebro que sin duda te serán de utilidad para poder sobrellevar mejor la experiencia de un corazón roto, ya que, tal como le digo a mis pacientes «si te rompieron el corazón es tiempo de usar bien tu cerebro».

Lo primero que quisiera hacerte saber, es que nuestro cerebro tiene como misión fundamental que tu sobrevivas y que te mantengas en contacto con otras personas y grupos, por esta razón toda nuestra infancia es la escuela de los vínculos, y en esa escuela nuestro cerebro va aprendiendo, fundamentalmente como establecer y sostener los vínculos, así como también estrategias para responder a una separación.

Para esto, funciona como un infalible centinela de peligros que nos puedan amenazar y al mismo tiempo como una maravillosa y potente herramienta de aprendizaje con millones de conexiones neuronales que funcionan en red, que conectan experiencias y las integran  para repetirlas cuando parezca oportuno, facilitando la interacción social. Estas redes neuronales se pueden reconfigurar en base a nuevas experiencias, abriendo caminos para otras formas de hacer las cosas y de entender el mundo; así, una nueva experiencia muchas veces cambiara la forma en que vemos las cosas (esta capacidad de nuestro cerebro se llama neuroplasticidad). Y claro, como cada segundo vivimos nuevas experiencias, nuestra forma de ver las cosas va cambiando segundo a segundo siempre que nuestro cerebro integra algo nuevo y hace nuevas conexiones neuronales, así, desde que nacemos, hasta que morimos.

La parte de nuestro cerebro que está especializada en la conexión social es la Corteza Cerebral. Esta parte, es la que está justo debajo de los huesos del cráneo y contiene las conexiones neuronales que nos permiten ser conscientes de nosotros mismos, de lo que pensamos, de lo que sentimos, de lo que deseamos y de lo que necesitamos. En esta parte de nuestro cerebro, está también nuestra capacidad de comprender a los demás y el contexto que estamos viviendo.

Entre las  partes de la Corteza Cerebral, destaca la que está justo detrás de la frente, incluido lo que se llama la corteza prefrontal media. Su característica, es que puede ofrecernos una perspectiva más amplia del mundo. Aquí es donde tienen lugar los procesos mentales más intrincados, como el pensamiento, la imaginación, la planificación y el lenguaje. Debido a su sofisticación y complejidad, es responsable de muchas de las aptitudes que valoramos, como: tomar decisiones y planificar con sensatez , controlar las emociones y las conductas, entenderse a sí mismo  y sentir empatía. Es muy importante destacar que esta parte de nuestro cerebro termina su maduración aproximadamente entre los 25 y 30 años y con ello una capacidad potencial de usar sus recursos en plenitud.

Más abajo en nuestro cerebro y muy protegida por las demás partes de nuestro cráneo, está nuestro sistema de supervivencia: el sistema límbico y el tronco encefálico, compuesto de varias áreas especializadas en asegurar que nos mantengamos con vida y que viene desarrollado desde el momento en que nacemos. Estas zonas inferiores son más primitivas porque se ocupan de funciones básicas (como la respiración y el parpadeo), de reacciones innatas e impulsos (como la lucha y la huida) y de las emociones fuertes (como la ira y el miedo). 

Este sistema vigila las 24 horas del día haciendo un exhaustivo escaneo del ambiente, buscando señales de peligro como frecuencias de sonido, olores y expresiones faciales. Nuestro sistema de supervivencia efectúa una vigilancia pasiva y permanente, sin embargo al momento de detectar el peligro, gatilla una alarma que se extiende por todo nuestro cuerpo. Desde niños esta parte de nuestro cerebro nos permitía sentir miedo al separarnos de nuestros cuidadores, activando todas las alarmas que nos ayudaban a mantenernos cerca de la protección. Por esta razón a veces nos despertábamos por las noches y al sentirnos solos llorábamos o buscábamos la protección en la cama de nuestra mamá.

Hoy, de adultos, cada vez que nos ponemos celosos o cuando nos alejamos de alguien a quien amamos, es esta parte la que activa la alarma y nos inunda de la emoción consecuente a esa situación.

De niños y de adultos, la tranquilidad a estar juntos y el estrés ante la separación, son gatilladas desde nuestro sistema límbico, así nos explicamos el  funcionamiento neurobiológico del fenómeno conocido como «apego».

Trabajo coordinado para sobrevivir

Mientras nos mantenemos en una situación de seguridad, como una conversación con la persona que amamos, nuestra corteza cerebral está «full online», y facilita nuestra comprensión de lo que ocurre socialmente a nuestro alrededor, brotan las palabras de amor con creatividad y elocuencia, comprendemos a las personas que nos acompañan y nos sentimos confortables, seguros, felices.

Sin embargo, nuestro sistema de supervivencia está vigilando, y al detectar un peligro en una mirada, gesto o ante una inminente separación temporal o definitiva, se enciende la alarma y sentimos que nuestro cuerpo reacciona aumentando nuestra frecuencia respiratoria y cardíaca y nuestros músculos se tensan, por ejemplo, al detectar que nuestra pareja cambia de actitud o deja de ponernos atención al recibir un mensaje que nos parece sospechoso por whatsapp. En ese momento, aumenta la actividad de nuestro sistema límbico e inmediatamente disminuye la actividad de nuestra corteza cerebral, dificultándonos la concentración en lo que estábamos haciendo.

Para calmar la situación, nuestra corteza cerebral entra en acción y pensamos «esperaré un momento a ver que pasa» o » bueno parece que mi pareja no está interesada en el mensaje que recibió»…y entonces nuestro sistema de supervivencia baja la alarma y nuestra corteza retoma su actividad normal.

Pero si nuestra pareja deja la conversación que tenía con nosotros y se mantiene comunicándose por whatsapp, la alarma de nuestro sistema de supervivencia puede aumentar y entonces se gatillarán emociones como la ira o el miedo, nuestra corteza cerebral quedará «offline» disminuyendo nuestra capacidad de comprender el contexto y de usar el lenguaje y comenzaremos a desplegar conductas de lucha o huída, disminuyendo nuestra capacidad de interacción social.

Así, corteza cerebral y sistema límbico, trabajan de manera coordinada para facilitar nuestra protección ante posibles peligros, y también para facilitar la interacción social o evitarla en caso de que sea necesario.

El término de una relación de pareja inevitablemente va a ser una experiencia percibida como adversa o «peligrosa» por nuestro cerebro y por tanto se van a activar las respuestas de estrés de nuestro sistema límbico.

Por esta razón es importante tener en cuenta que podremos sentirnos mejor si trabajamos en el uso consciente de nuestra corteza cerebral, para poder poco a poco calmar nuestras emociones y así poder ver las cosas con más claridad. Esto se puede lograr con algunos sencillos ejercicios que te facilitarán el manejo de las emociones.

  • Aléjate de todo lo que te pueda estar dañando, así tu cerebro dejará de percibir el peligro directo que te pudiera estar afectando.
  • Usa tus sentidos: Escucha, mira, huele y toca lo que esté a tu alrededor, esto activará tu corteza cerebral y facilitará la baja de actividad de tu sistema límbico.
  • Ejercita afirmaciones positivas: Pensar en escenarios esperanzadores también activa tu corteza cerebral y pone a todo tu cuerpo y tu cerebro en una sintonía de calma.
  • Practica la respiración consciente: Una respiración suave y profunda efectuada de manera dirigida junto con la relajación muscular, también obliga al uso de tu corteza cerebral y con ello tu cuerpo bajará los niveles de estrés de tu sistema nervioso.
  • Socializa con personas de confianza: Esto también ayuda a tu cerebro al uso de la corteza cerebral para la interacción social y de esa forma mantenerse tranquilo y seguro en contacto con otros seres humanos.

Sentir una alta intensidad emocional al término de una relación es esperable y normal, sin embargo el estrés sostenido en el cuerpo puede afectar nuestra salud en diversos aspectos, por esta razón es importante tomar algunas acciones para poder bajar los niveles de estrés y cuidarnos mejor durante el proceso de desapego.

La buena noticia es que actualmente podemos aplicar todo este conocimiento respecto de cómo funciona nuestro cerebro, para facilitarle a las personas el proceso post-término de una relación de pareja de manera efectiva y científicamente informada.

Muchas personas se están beneficiando ahora mismo de la aplicación de este conocimiento en sus vidas, a través de la aplicación de técnicas de autorregulación emocional y de la comprensión y consciencia de los aspectos más importantes de la neurociencia para mejorar sus vidas cuando están pasando por el duelo después de haber terminado una relación.


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4 comentarios en «Para entenderte, comienza por entender tu cerebro.»

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