Hacia el año 1903, un fisiólogo ruso llamado Iván Pávlov se dedicaba a estudiar el sistema digestivo de los animales, en particular el de los perros. ¿Cómo lo hacía? Medía la salivación que producían al recibir comida, como parte del procesamiento digestivo.
Pero algo inesperado ocurrió. De pronto, observó que los perros comenzaban a salivar antes de que apareciera la comida, solo al escuchar los pasos de su ayudante que solía alimentarlos. Los animales hacían toda una respuesta anticipatoria: se agitaban, se ponían en alerta, y su cuerpo se preparaba como si ya fueran a comer.
Intrigado, Pávlov transformó ese hallazgo en un experimento planificado: comenzó a presentar un estímulo neutro —una campana, un metrónomo, una luz— justo antes de dar el alimento. Con la repetición, el estímulo por sí solo provocaba la misma reacción fisiológica: salivación, activación corporal, estrés anticipatorio. Había descubierto que existía un aprendizaje por asociación: el organismo podía generar respuestas automáticas solo con un estímulo previamente emparejado a una experiencia significativa.
Curiosamente, este mismo principio ocurre también en los seres humanos. Pensemos en el enamoramiento: al repetir besos, caricias y momentos de intimidad, nuestro cuerpo aprende a reaccionar con solo ver a la persona, escuchar su voz, sentir su olor o incluso mirar una fotografía o escuchar una canción. Como en los perros de Pávlov, el cuerpo recuerda antes que la mente.
Y aquí está lo complejo: hay personas que, incluso años después de una ruptura, siguen experimentando estas respuestas condicionadas. Basta escuchar aquella canción que solían compartir, sentir un perfume parecido, ver una foto antigua, o incluso reencontrarse con la expareja en la calle, para que el cuerpo reaccione con un nudo en el estómago y una avalancha de sensaciones. Muchas veces, ese reflejo automático se confunde con la idea de que “todavía lo amo” o “todavía la necesito”, cuando en realidad lo que está ocurriendo es una respuesta condicionada, no necesariamente amor en el presente.
Y esto duele. Porque quienes lo viven pueden llegar a sentirse atrapados: pensando que nunca van a poder superar a esa persona, o que están “rotos” porque, a pesar del tiempo, siguen sintiendo. Otras veces, el riesgo puede ser tomar decisiones impulsivas o apresuradas, ya que: al revivir las mismas sensaciones aprendidas, piensan que aún está vivo el amor, sin tomar en cuenta las razones de fondo que permitirían sostener una relación que, por alguna razón, terminó. Pero no se trata de una enfermedad ni de una locura. Es algo profundamente humano, parte de cómo funciona nuestro cerebro y nuestro cuerpo cuando aprenden por asociación.
La buena noticia es que sí tiene salida. Superar una relación no es olvidar de golpe, sino desactivar poco a poco esa respuesta fisiológica. Esto se logra con un proceso gradual de exposición, acompañado de ejercicios de regulación emocional, que ayudan a bajar la intensidad de la reacción del cuerpo y a que el estímulo pierda fuerza con el tiempo.
Por ejemplo, puedes probar este ejercicio sencillo: toma una fotografía de tu expareja y obsérvala. Nota cómo tu cuerpo reacciona: quizás el corazón late más rápido, la respiración se agita, los músculos se tensan. Luego, cierra los ojos un momento, respira profundo y relaja poco a poco la musculatura, llevando tu atención al presente. Cuando sientas más calma, vuelve a mirar la foto, pero esta vez desde un estado de tranquilidad. Repítelo varias veces. Poco a poco, tu cuerpo aprenderá a responder de una forma distinta.
Superar una ruptura no significa borrar el pasado, sino entrenar al organismo para que deje de responder de manera automática a lo que alguna vez fue un estímulo o una serie de estímulos repetidos en el contexto de una relación de amor.
En terapia, yo trabajo precisamente este tema: hacemos un entrenamiento de autorregulación emocional para que la persona pueda reducir esos reflejos condicionados que tanto confunden con amor. De esta forma, poco a poco, ese lazo automático se va disolviendo y deja de gobernar la vida emocional. Y si quieres empezar a trabajarlo por tu cuenta, también tienes disponible mi curso de autorregulación emocional, que encontrarás en mi página web, para avanzar en este proceso a tu propio ritmo.
Accede a una asesoría personalizada y al curso de autorregulación emocional presionando el botón más abajo.
Hugo Huerta Fernández – Psicólogo especializado en rupturas de pareja.
Fundador de corazonroto®