Seguramente has escuchado la frase: “sanar no es olvidar, sino recordar sin sufrir”.
Y es cierto. Pero, ¿cómo se logra eso? ¿Cómo dejar de sufrir cuando una canción, una foto o un recuerdo despierta de nuevo todo el dolor de una ruptura?
Las redes sociales y en general el mundo de internet están plagados de consejos y explicaciones que muchas veces seguimos sin obtener resultados y finalmente seguimos en ese loop de dolor.
Así que te felicito por estar aquí, leyendo acerca de psicología para abordar un problema que es, principalmente, psicológico: Sufrir por amor. Has dado en el clavo con tu búsqueda.
Desde la psicología, podemos entender cómo dejar de sufrir por recuerdos, gracias al condicionamiento clásico. Este proceso ocurre cuando un estímulo neutro (una canción, un lugar, un objeto…o un recuerdo) se asocia con una experiencia emocional dolorosa, como la pérdida de una relación. El resultado es que cada vez que ese estímulo aparece, nuestro cuerpo responde con tristeza, angustia o ansiedad, aunque ya no estemos en esa situación.
Es decir: no duele el estímulo en sí, sino la asociación que hemos creado con él.
¿Se puede cambiar esa asociación?
Sí. La buena noticia es que esta respuesta emocional aprendida puede modificarse. Y ahí es donde entra la terapia conductual, que nos enseña a enfrentar los recuerdos y a transformar la manera en que reaccionamos ante ellos.
Existen dos técnicas principales:
Exposición: consiste en enfrentarse directamente al estímulo doloroso (mirar la foto, escuchar la canción, incluso ver a tu ex con otra persona, o recordar deliberadamente) hasta que, con el tiempo, el malestar disminuye principalmente por agotamiento, lo que lleva a una desensibilización producida naturalmente, es decir el organismo termina por adaptarse.
- A esto mucha gente le dice coloquialmente “terapia de choque”.
Desensibilización sistemática: es una forma más cuidada de exposición. No se trata solo de mirar lo que duele, sino de hacerlo mientras aplicamos técnicas de relajación y autorregulación emocional. De esta manera, no te lanzas al dolor sin recursos, sino que entrenas a tu cuerpo a mantenerse tranquilo frente al recuerdo. Y ese es precisamente el objetivo de sanar: poder mirar el recuerdo sin sentir dolor, porque poco a poco vas aprendiendo a calmar tu cuerpo cada vez que aparece la emoción.
¿Cómo hacerlo en la práctica?
Esto es lo que hacemos en terapia. Ir al psicólogo no es solamente hablar: también se trata de aprender técnicas efectivas que puedas aplicar en tu vida diaria, que se puedan medir, controlar y evaluar para ver qué te está resultando. Por eso siempre es recomendable considerar buscar ayuda profesional, porque así el proceso se vuelve más acompañado y seguro.
Pero ahora quiero mostrarte cómo trabajamos esto en terapia, de manera que lo puedas empezar a aplicar tú también.
La idea es sencilla, aunque requiere constancia:
- Elige el recuerdo u otro estímulo: puede ser la imagen mental recuperada voluntariamente o puna canción, una foto o algo que normalmente te causa dolor.
- Permite la emoción: deja que aparezca la incomodidad, no la evites.
- Regula tu cuerpo: respira profundo, relaja la musculatura, baja los hombros, suelta la tensión.
- Mantente en contacto: quédate un momento con el estímulo, mientras sigues regulando tu cuerpo.
- Repite: cada vez que lo hagas, tu reacción será menos intensa hasta que paulatinamente el dolor asociado al recuerdo irá desapareciendo con el tiempo y con tu trabajo personal.
Así es como el recuerdo deja de estar atado al dolor y empieza a integrarse de otra manera en tu historia: ya no como una herida abierta, sino como parte de tu pasado que puedes mirar sin sufrir.
Lo importante
Sanar no significa olvidar. Significa recordar con paz. Recordar sabiendo que lo que viviste fue real, que te marcó, pero que ya no tiene poder para seguir dañándote.
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Hugo Huerta Fernández – Psicólogo especializado en rupturas de pareja.
Fundador de corazonroto®