Hay días en los que la tristeza no se va.
No importa cuántas veces te digan “va a pasar”, “tienes que distraerte”, “piensa en lo bueno”.
Nada sirve. Nada resulta.
Y no es porque no quieras mejorar. No es porque no lo intentes.
Es simplemente que estás demasiado cansado, demasiado herido, o demasiado solo para que algo funcione.
A veces las rupturas golpean con más fuerza de la que imaginamos.
Y golpean más fuerte todavía cuando cargamos con otras heridas:
cuando ya veníamos arrastrando traumas antiguos, o cuando convivimos con la ansiedad, con la depresión, o con un trastorno que nos acompaña desde hace años.
Entonces no es solo la pena por la ruptura.
Es la sensación de que el cuerpo, la mente y la vida entera se desorganizan.
Y todo lo que te dicen, en lugar de ayudarte, te suena lejano, incluso injusto:
- “Es cosa de tiempo”, pero tú sientes que el tiempo se arrastra y el dolor no cede.
- “Piensa positivo”, pero te cuesta encontrar algo bueno cuando todo parece gris.
- “Haz una lista con lo bueno y lo malo de tu ex”, pero te parece absurdo y lejano.
- “Tienes que salir y conocer gente”, pero lo único que quieres es estar solo, y a la vez no soportas estar contigo mismo.
Nada parece tener sentido. Y lo peor: empiezas a pensar que el problema eres tú.
Si estás ahí, si te sientes así, quiero decirte esto:
No estás fallando. Solo estás pasando por un momento muy difícil.
Y a veces, en esos momentos, no se trata de solucionar la vida,
sino simplemente de atravesar el dolor sin hacerte más daño.
Sin exigirte estar bien, pero tampoco rindiéndote por completo.
Ahí es donde entra una herramienta que usamos en terapia y que quiero compartirte:
la técnica de “mejorar el momento”.
¿Qué es “mejorar el momento”?
Es una herramienta que viene de la Terapia Dialéctico Conductual (DBT), y está pensada para situaciones como esta: cuando todo se siente mal y no ves salida a corto plazo.
No busca que superes la ruptura de inmediato.
No te pide que seas optimista.
No intenta que “pienses distinto”.
Solo te propone algo más humilde y más realista:
hacer algo —pequeño, concreto— que te ayude a estar un poco menos mal por unos minutos u horas.
No para cambiar tu vida, sino para no colapsar.
Para no hundirte más. Para sostenerte mientras el dolor baja su intensidad.
¿Cómo se mejora el momento?
La técnica propone varias maneras de aliviar temporalmente el sufrimiento sin negarlo. Te comparto algunas ideas:
1. Distracción con intención
No para evitar lo que sientes, sino para darte un respiro.
Puedes probar con:
- Resolver un rompecabezas
- Limpiar un rincón de tu casa
- Jugar un videojuego simple
- Hacer una lista de tareas pequeñas
- Escuchar una historia que no te involucre emocionalmente
No tiene que ser productivo. Solo tiene que ayudarte a pasar el rato sin dañarte.
2. Conectar con los sentidos
Cuando la mente se vuelve un campo de batalla, el cuerpo puede ser un refugio.
- Frota tus manos con agua tibia
- Huele una esencia o perfume que te guste
- Muerde un limón o algo picante para interrumpir el pensamiento rumiativo
- Escucha una canción instrumental que no te recuerde a nadie
- Abrígate bien, ponte ropa suave, hazte un nido con mantas
Esto puede parecer pequeño, pero calma el sistema nervioso, y eso ya es mucho.
3. Buscar una emoción opuesta
Cuando estás muy triste, puedes provocar una emoción distinta, aunque sea leve.
No para negar lo que sientes, sino para darle al cuerpo un descanso emocional.
- Mira videos de animales torpes
- Lee memes absurdos
- Sigue a alguien que te haga reír sin sentido
Yo, por ejemplo, cuando necesito despejarme y el día se pone pesado, a veces veo a @Minynaranja.
Es una influencer que hace muecas ridículas, canta, toca piano… y tiene una inteligencia muy especial. Me hace reír, aunque sea por un minuto. Y a veces, eso es justo lo que necesito para no quedarme pegado en el dolor.
4. Visualizar un lugar seguro
Imagina un lugar —real o inventado— donde te sientas protegido.
Un bosque, una biblioteca antigua, un refugio en la montaña, una casa con alguien que te quiere.
Cierra los ojos y quédate ahí por un momento.
Ese lugar no existe afuera, pero puede existir dentro de ti mientras lo necesites.
No se trata de estar bien, se trata de estar un poco menos mal
Hay días en que no vamos a poder con todo.
Y está bien.
Pero si logras pasar ese día sin hacerte daño, sin caer en conductas que después lamentas, si logras sostenerte aunque todo siga difícil, eso ya es un acto de valentía.
No se trata de avanzar rápido.
Se trata de no hundirte más profundo, y poco a poco, ir saliendo a flote.
Si necesitas compañía en ese proceso
Si este texto te hizo sentido, y estás buscando alguien con quien hablar de todo esto sin frases hechas, sin apuros, desde el cuidado, tal vez te puedo acompañar.
Trabajo con personas que han pasado por rupturas, especialmente cuando hay heridas más profundas que se activan en el proceso.
Si quieres, puedes contactarme presionando el botón más abajo.
Hugo Huerta Fernández
Psicólogo y Fundador de corazonroto®