La tormenta emocional tras una ruptura
Una ruptura amorosa puede sentirse como un mar agitado, con pensamientos y emociones desbordantes. En medio del caos, es fácil perder la calma y dejarse llevar por el torbellino de recuerdos, dudas y angustia.
Imagina que tu cuerpo es una fuente de agua. En su estado natural, el agua está en calma, reflejando la tranquilidad y equilibrio interior. Sin embargo, cada pensamiento o recuerdo doloroso es como una piedra que cae en la fuente, perturbando su serenidad. Desde la neurociencia, sabemos que una respuesta emocional, como esas ondas en el agua, dura aproximadamente 90 segundos. Después de ese tiempo, el sistema nervioso debería volver a su equilibrio. ¿Por qué, entonces, sentimos que la emoción dura mucho más? Porque, sin darnos cuenta, seguimos arrojando nuevas piedras con nuestros pensamientos, reforzando el malestar y prolongando el impacto emocional.
¿Cómo podrías aprender a calmar esa fuente en lugar de agitarla más?
La mente y el cuerpo como una fuente de agua
En su estado natural, nuestro cuerpo y mente pueden estar en equilibrio, pero cualquier estímulo puede alterarlo. Un mensaje inesperado, un recuerdo que aparece de la nada o una conversación sobre la expareja pueden sentirse como una piedra arrojada al agua, generando ondas de malestar.
Algunas piedras son inevitables: ciertas emociones surgirán sin previo aviso. Sin embargo, podemos decidir cómo reaccionamos ante ellas. En lugar de luchar contra las ondas, podemos aprender a dejarlas disiparse por sí solas.
Cuando somos nosotros mismos quienes tiramos las piedras
A menudo, sin darnos cuenta, somos nosotros mismos quienes agitamos nuestra propia fuente. Revisar redes sociales de la expareja, revivir conversaciones pasadas o alimentar pensamientos negativos son formas de seguir lanzando piedras al agua.
El primer paso para recuperar la calma es reconocer cuándo estamos contribuyendo a nuestro propio malestar. No se trata de culparse, sino de tomar conciencia de nuestros hábitos y cómo estos impactan nuestra serenidad.
Aprender a soltar las piedras y dejar caer pétalos
La solución no está en evitar las emociones, sino en aprender a manejarlas con suavidad. En lugar de arrojar piedras, podemos aprender a dejar caer pétalos: pensamientos y acciones que nos ayuden a encontrar paz.
Ejercicio práctico:
- Toma un vaso de agua y bébelo lentamente. Siente cómo el agua recorre tu cuerpo y observa la sensación de calma que deja.
- Repite el ejercicio, pero esta vez con agua salada. Percibe cómo el sabor altera tu experiencia.
- Reflexiona: así como el agua salada genera una reacción en tu cuerpo, ciertos pensamientos y recuerdos también pueden generar incomodidad. Pero, al igual que el sabor salado desaparece con el tiempo, también lo hará el malestar si no lo alimentamos.
La paciencia y la práctica
Calmar la mente y el cuerpo es un proceso. Al igual que un estanque revuelto no se aquieta de inmediato, nuestras emociones también necesitan tiempo para volver a su equilibrio natural.
Si cada vez que el agua se mueve dejamos que vuelva a su calma en lugar de agitarla más, aprenderemos a regularnos mejor. La paciencia y la constancia son claves.
Inspírate
Recuerda: tu cuerpo es como una fuente de agua. No puedes evitar que caigan piedras en ella, pero sí puedes aprender a no seguir arrojándolas tú mismo y a dejar que el agua vuelva a su calma natural.
A medida que practiques, notarás que la serenidad no depende de la ausencia de perturbaciones, sino de tu capacidad para dejarlas pasar sin resistencia.
¿Y tú? ¿Estás listo para empezar a transformar tus piedras en pétalos?
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Te espero.
Hugo Huerta Psicólogo Fundador de corazonroto®
Buen artículo, muy útil la analogía del agua. Gracias Hugo!
con mucho gusto Margarita 🫂