Muchas personas sienten que nunca van a poder superar una ruptura porque todavía tienen que ver a su ex pareja.
A veces hay hijos en común.
A veces hay trabajo de por medio.
A veces existen trámites, responsabilidades o temas familiares que obligan a mantener contacto.
Y otras veces, aunque ya no exista contacto real, la persona sigue apareciendo constantemente en la mente, en los recuerdos o en los pensamientos.
Por eso, aunque muchas veces se hable del “contacto cero” como la solución ideal, la realidad es que no todas las personas pueden simplemente desaparecer al otro de su vida.
Entonces aparece una pregunta muy común:
¿Cómo me acostumbro a ver a mi ex?
La respuesta a esta pregunta es compleja e incluye numerosas variables a considerar, pero aquí exploraremos la base para lograrlo.
¿Qué significa realmente “acostumbrarse”?
Acostumbrarse no significa que la otra persona deje de importarte automáticamente.
Tampoco significa que un día la veas y ya no sientas absolutamente nada.
En realidad, acostumbrarse tiene más que ver con aprender a responder de una manera distinta frente a su presencia.
Porque si tú ves a tu ex y:
- te pones nervioso,
- te angustias,
- te llenas de pensamientos,
- te da ansiedad,
- o sientes que pierdes estabilidad emocional,
entonces esa es la respuesta que hoy estás teniendo frente a esa persona.
Y mientras esa respuesta siga ocurriendo de la misma manera, seguir viendo a tu ex probablemente va a seguir siendo difícil.
Entonces, ¿cómo uno se acostumbra?
Para acostumbrarte a ver a tu ex, lo que necesitas no es obligarte a dejar de sentir.
Lo que necesitas es enseñarle a tu cuerpo y a tu conducta a responder de otra manera frente a esa presencia.
Porque el problema no siempre es la existencia de tu ex.
Muchas veces el problema es la intensidad de la reacción que aparece en ti cuando esa persona está presente.
Y eso puede trabajarse.
Poco a poco, muchas personas logran:
- tolerar mejor una conversación,
- tolerar mejor un mensaje,
- tolerar mejor ver una fotografía,
- tolerar mejor encontrarse con esa persona,
- o incluso pensar en ella sin desregularse de la misma manera.
No porque hayan olvidado.
No porque ya no importe.
Sino porque la respuesta emocional fue cambiando.
¿Y cómo se trabaja eso?
Principalmente mediante la exposición.
Es decir, empezando poco a poco a tener contacto con aquello que hoy genera una reacción emocional intensa.
Y cuando eso ocurre, es importante empezar a observarse.
Por ejemplo:
- ¿Qué siento cuando lo veo?
- ¿Qué hace mi cuerpo?
- ¿Qué pensamientos aparecen?
- ¿Qué hago automáticamente?
A veces la persona nota que:
- se le aprieta el estómago,
- se le acelera la respiración,
- se pone tensa,
- empieza a pensar con rabia,
- se quiere esconder,
- evita mirar,
- o comienza a reaccionar de manera impulsiva.
Y aunque muchas veces estas respuestas parecen automáticas, observarlas ya es una parte importante del trabajo.
Porque cuando empiezas a darte cuenta de cómo respondes, también puedes empezar a modificar esa respuesta.
Regular las emociones
Una parte importante de este proceso consiste en aprender a bajar la intensidad del estrés y la activación emocional.
Por eso muchas veces se trabaja en:
- respirar profundo,
- relajar la musculatura,
- disminuir la tensión corporal,
- bajar la intensidad de la reacción,
- y aprender a mantenerse presente sin escapar inmediatamente.
No se trata de obligarse a no sentir.
Se trata de aprender a responder con más regulación y menos impulsividad.
Para lograr esto de manera efectiva, en los procesos de terapia que acompaño, uno de los principales objetivos es que la persona que consulta aumente su capacidad de Autorregulación Emocional y con ello aumente su capacidad de tolerar la presencia de su ex.
Tu podrías aprender a «autorregularte» sin necesidad de asistir a terapia ingresando ahora mismo al «Curso en videos de Autorregulación Emocional», donde podrás aprender las mismas técnicas que enseño a las personas durante las primeras sesiones de terapia especializada en rupturas de pareja.
Cambiar la conducta
Después de observar la respuesta, viene otra parte importante:
empezar a actuar de manera distinta.
Por ejemplo:
- si la persona se esconde, empezar poco a poco a quedarse en el lugar,
- si evita mirar, empezar a tolerar el contacto visual,
- si responde con indirectas o agresividad, intentar reemplazar eso por una interacción más neutral,
- o si entra rápidamente en discusiones, aprender a detener esa conducta antes de que escale.
Y así, lentamente, se van incorporando nuevas formas de contacto.
Porque cuando cambia la manera de responder, también cambia la experiencia emocional que se tiene frente a esa persona.
Un proceso que toma tiempo
Este trabajo no siempre es fácil.
A veces toma tiempo.
A veces genera frustración.
Y muchas veces requiere practicar varias veces antes de notar cambios importantes.
Por eso, en terapia, muchas veces trabajamos justamente en esto:
- aprender a regular las emociones,
- disminuir la intensidad del estrés,
- entender qué respuestas aparecen,
- y practicar nuevas conductas más saludables y más útiles para la vida de la persona.
Especialmente cuando hay hijos en común, trabajo compartido o responsabilidades que obligan a mantener cierto nivel de contacto.
Porque muchas veces el objetivo no es volver con el ex ni eliminarlo completamente de la vida.
El objetivo es dejar de reaccionar de una manera que termina dañando la estabilidad emocional, las relaciones o el bienestar cotidiano.
¿Por qué reaccionamos así?
Muchas de estas respuestas no aparecen de la nada.
Muchas veces son formas de reaccionar que la persona fue aprendiendo a lo largo de su vida, en distintas experiencias emocionales y relaciones importantes.
Por eso, en terapia, también es importante entender:
- por qué reaccionamos de esa manera,
- qué función cumple esa respuesta,
- y cómo desarrollar formas más saludables de relacionarnos con el conflicto, el estrés y la presencia emocional del otro.
Porque cuando aprendemos nuevas formas de responder, también empezamos a vivir las relaciones de una manera distinta.
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