Mi esposa estaba en la cama de la clínica, lista para ingresar al quirófano, vestía una bata celeste y un gorro blanco que cubría todo su cabello, me miraba tranquila y sonreía delicadamente, la cama era empujada por una enfermera y se desplazaba con sus ruedas por el pasillo de la cínica hasta que llegó a la puerta del ascensor donde se detuvo. En esa pausa nos miramos de nuevo y nos tomamos la mano…»todo va a salir bien…nos vemos en un rato» nos decíamos. Luego la puerta del ascensor se abrió y la enfermera empujó nuevamente la cama, que se desplazó hacia el interior, yo quedé afuera, era el momento de la despedida…nos miramos hasta que la puerta se cerró. Me quedé inmóvil un momento para hacerme consciente de lo que ocurría en mi interior:
Un leve dolor en el estómago, como ganas de ir al baño…una sensación extraña en el pecho y cierta tensión muscular especialmente en mi garganta como cuando sentimos ganas de llorar. Mi mente estaba inundada de pensamientos de alarma como «Tal vez es la última vez que la vea», «quiero ir a buscarla y llevármela para la casa» «¿cómo le diré a los niños si ella muere?» «¿cómo seguiremos nuestras vidas sin ella?».
Después de ese momento de silencio, en que dejé que mi cuerpo hiciera lo espontáneo, lo natural que brotaba desde mi interior, comencé a soltar mi musculatura, respiré profundo como si me abrazara calmándome a mi mismo y respetuosamente comencé a pensar como si hiciera un diálogo con esa parte de mi que se había alarmado y me dije: «entiendo como te sientes, desde niño has pasado por separaciones que te han hecho sufrir y es comprensible que te sientas así, eso es el apego y está bien, así funciona, así se llama lo que estás sintiendo, pero no te preocupes que se trata de una intervención a una cadera que se efectuará por una persona que sabe muy bien lo que hace y tiene poco riesgo, además estás conmigo, un hombre grande que sabe como cuidarte, así que tranquilo, vamos a dar un paseo y a comer algo rico y para cuando regresemos todo estará bien otra vez».
Y así fue.
Apego: el guardián de nuestra supervivencia
En una definición amplia, el apego es la búsqueda activa que hacemos los seres humanos para conectar de manera segura con otros seres (incluso no humanos). Esta conexión nos permite tener más probabilidades de mantenernos con vida, especialmente cuando somos bebés, pero también en la adultez.
Recordemos que, como especie, dependemos de los demás para sobrevivir y por tanto esta conexión con otros resulta vital, tan vital que cuando la logramos, nuestro organismo entra en un estado de bienestar, sus sistemas funcionan mejor y tenemos una mejor salud, pero por el contrario, si la perdemos, entramos en un estado de alerta conocido como estrés, disparando reacciones físicas y psicológicas de malestar y ansiedad y que nos puede llevar a un deterioro grave físico y mental si se mantiene en el tiempo. Toda esta reacción tiene un solo propósito: retomar la conexión.
Por esto el apego es tan importante para nosotros y no debería ser rechazado sino más bien comprendido e integrado en nuestras vidas para beneficio de nuestra salud integral.
Figura de apego: ese ser especial
Es interesante destacar que nuestro potencial cerebral para conectar con otros seres es tan amplia que, se podría decir que después de nacer ya no necesitamos estar con nuestra mamá o papá, sino que necesitamos contar con una figura de apego, que incluso podría ser un ser un desconocido o «no humano», como sucede normalmente en casos de adopción y también en situaciones extremas como el caso del español Marcos Rodríguez Pantoja, que sobrevivió junto a una manada de lobos entre los 6 y los 19 años después de haber sido vendido por su padre dadas las condiciones de pobreza en que se encontraba su familia.
Contar con una figura de apego es vital como niños y también altamente importante en nuestra vida adulta, ya que nuestro organismo sigue respondiendo con estrés ante una separación.
¿Qué hacer cuando nos quedamos solos?
Siendo seres sociales y dependientes, la experiencia de la soledad o la desconexión es definitivamente adversa, pero también necesitamos habilidad para transitar la soledad y esto se logra mejor en tanto más comprendamos el apego.
Recuerda que, estar junto a una figura de apego te va a brindar tranquilidad y la separación o desconexión te va a generar estrés, inevitablemente.
Por lo anterior, al momento de quedarte sin tu figura de apego vas a necesitar la habilidad de reducir el estrés producido por la separación y así «funcionar» de manera sana aun estando en ese estado de desconexión, a esto lo llamamos «Autonomía».
La autonomía se logra de dos formas, una de ellas es la co-regulación, es decir buscar a otro ser con quien conectar y que te ayude en cierto modo a volver a tu organismo a la tranquilidad: un amigo, un terapeuta o incluso un animal.
Otra forma de autonomía es la «autorregulación emocional», que se trata de «reducir el estrés de tu organismo» calmando tus emociones mediante la aplicación de una serie de técnicas basadas en neurociencia y que han demostrado alta efectividad, como los ejercicios de respiración, meditación, oración, etc. Incluso el uso de la imaginación puede brindarte la experiencia de la autorregulación emocional al crear una figura de apego imaginaria como el caso representado en la película «El náufrago», donde el protagonista establece un vínculo con una pelota de vóleibol a quien «humanizó», o también mediante la conexión mental con Dios u otras figuras religiosas en quien los seres humanos ponemos esa conexión cuando estamos solos.