Cuando una relación termina, muchas personas dicen:
“Me duele el alma.”
“Siento angustia.”
“Siento un vacío.”
“Estoy sufriendo demasiado.”
Y aunque le damos muchos nombres, pocas personas entienden lo que realmente está ocurriendo:
Gran parte del dolor que produce una ruptura es estrés.
Sí, estrés emocional.
Cuando una persona importante desaparece de nuestra vida, el organismo interpreta esa separación como una amenaza. Y frente a una amenaza, el sistema nervioso activa una respuesta de estrés.
Por eso aparecen síntomas como:
– angustia,
– ansiedad,
– presión en el pecho,
– pensamientos obsesivos,
– dificultad para dormir,
– falta de apetito,
– desesperación,
– necesidad urgente de contacto.
No es solamente “estar triste”.
Es tu sistema nervioso funcionando en estado de alarma.
Y esta respuesta puede ser más intensa en algunas personas que en otras.
¿Por qué?
Porque influyen muchos factores:
– la historia emocional de la persona,
– experiencias de abandono o rechazo,
– vínculos de infancia,
– traumas anteriores,
– dependencia emocional,
– nivel de autoestima,
– sensibilidad del sistema nervioso,
– e incluso factores biológicos y temperamentales.
Además, existe algo profundamente humano e incluso innato en esto.
Desde niños sentimos estrés cuando nos separamos de figuras importantes. Por eso un niño llora cuando su madre desaparece de su vista.
El cuerpo humano está preparado para reaccionar frente a la separación vincular.
Entonces, si entendemos que gran parte del sufrimiento es una respuesta de estrés, aparece una pregunta importante:
¿Cómo aliviar el dolor?
Y aquí viene algo fundamental:
Para aliviar el dolor, necesitamos reducir los niveles de estrés del sistema nervioso.
Muchas personas intentan hacerlo solamente distrayéndose:
ir al gimnasio, hacer yoga, salir, trabajar más o mantenerse ocupadas. Y otros recurren a la tan popular formula del «CONTACTO CERO».
Y aunque esas cosas pueden ayudar, existe algo todavía más importante:
Aprender a regular el sistema nervioso justo en el momento de la crisis emocional.
Porque es ahí donde el cuerpo entra en alarma.
En algunos casos, la intensidad del estrés es tan alta que la persona necesita apoyo psiquiátrico o tratamiento farmacológico para estabilizarse.
Y eso no significa debilidad.
Significa que el sistema nervioso está sobrepasado.
En terapia, durante las primeras sesiones después de una ruptura, muchas veces trabajamos directamente la autorregulación emocional.
¿Y qué significa eso?
Significa enseñarle a la persona a reducir el nivel de estrés que está produciendo la separación.
Porque cuando el sistema nervioso permanece demasiado tiempo en estado de alarma, aparecen consecuencias muy difíciles de sostener:
– insomnio,
– ansiedad constante,
– pensamientos obsesivos,
– sensación de desesperación,
– dificultad para comer,
– agotamiento emocional,
– tensión corporal,
– e incluso síntomas físicos.
Por eso, aprender autorregulación emocional puede producir un cambio enorme en muy poco tiempo.
La persona comienza a sentir algo que muchas veces había perdido después de la ruptura:
tranquilidad.
Empieza a dormir mejor.
A respirar mejor.
A sentir menos desesperación.
A recuperar el apetito.
A disminuir la angustia.
Y poco a poco el cuerpo deja de sentirse en peligro todo el tiempo.
Y esto no se trata solamente de respirar profundo.
La autorregulación emocional incluye muchas herramientas:
– comprender cómo funciona el sistema nervioso,
– aprender a intervenir durante una crisis emocional,
– reducir estímulos que aumentan el estrés,
– modificar ciertos hábitos,
– contener los pensamientos obsesivos,
– disminuir la hiperactivación del cuerpo,
– y desarrollar una relación más segura con las propias emociones.
Eso es justamente lo que trabajamos en terapia:
acompañar, enseñar y guiar a la persona para que pueda ayudar a su propio organismo a salir del estado de alarma y volver progresivamente a una sensación de paz interior.
Haz este pequeño ejercicio ahora:
– Baja lentamente los hombros.
– Suelta la mandíbula.
– Afloja las manos.
– Respira más lento de lo normal.
– Inhala suavemente por la nariz.
– Exhala lento por la boca.
– Y mientras exhalas, repite mentalmente:
“Mi cuerpo está sintiendo estrés… y puedo ayudarlo a calmarse.”
A veces no podemos hacer desaparecer una ruptura inmediatamente.
Pero sí podemos ayudar al cuerpo a sufrir menos mientras atravesamos el proceso.
Y muchas veces, sanar comienza justamente ahí:
cuando dejamos de pelearnos con lo que sentimos y empezamos a comprender cómo funciona nuestro sistema nervioso.
Debido a los resultados tan positivos que este trabajo ha tenido con muchas personas que atraviesan rupturas, desarrollé un curso de autorregulación emocional en formato video.
Este curso fue creado como complemento terapéutico para personas que están atravesando una separación y necesitan herramientas concretas para aliviar la angustia emocional y reducir el estrés que produce la ruptura.
Algunas personas lo utilizan junto a terapia psicológica y otras comienzan directamente con el curso para empezar a sentirse mejor.
Debajo de este artículo vas a encontrar un botón para acceder al curso.
Si estás atravesando una ruptura y sientes que tu cuerpo y tu mente no logran descansar, quizás no necesitas exigirte más…
quizás necesitas aprender a calmar tu sistema nervioso.