Relación tóxica: ¿Por qué volvemos donde sufrimos?

Había un perrito que vivía en la calle. Flaco, con el pelaje enredado, buscaba entre bolsas de basura algo que llevarse a la boca.

Un día, alguien dejó un plato con comida frente a él. Dudó. Miró a los lados. Pero el hambre pudo más, y comió.

Al día siguiente, volvió. El plato estaba ahí otra vez. Luego al otro día. Y al siguiente. El perrito comenzó a esperar esa comida como lo mejor de su jornada.

Hasta que un día, esa persona lo llevó a su casa. “Ahora tendrás un lugar donde quedarte”, podría haber pensado el perro.

Pero no era así. El patio era pequeño, y al principio lo tenían amarrado. Había días de caricias y otros de gritos o golpes. No podía correr ni jugar. Sin embargo, cada tarde, ahí estaba el plato. Ese era su único momento bueno. Y eso, para él, bastaba para quedarse.

Con el tiempo, le quitaron la cadena. Podría haberse ido. A veces salía, olfateaba el mundo afuera, pero siempre volvía. Volvía al patio, volvía al plato, volvía al lugar que conocía. Había aprendido a quedarse.

Eso que pasó con el perrito tiene explicación psicológica: cuando una conducta trae algo bueno, aunque también haya cosas malas, aprendemos a repetir esa conducta. Lo positivo refuerza lo negativo, y la conducta se vuelve cada vez más probable, aunque a veces nos duela.

A veces, las personas somos como ese perrito. Nos quedamos donde hay algo bueno mezclado con mucho dolor, porque creemos que es lo único que tenemos. Volvemos una y otra vez, buscando ese “plato” de afecto, o de seguridad, o de lo que sea que nos haga sentir bien por un momento, aunque venga acompañado de maltrato, indiferencia o tristeza.

Pero nosotros, a diferencia del perrito de la historia, tenemos capacidad para tomar decisiones racionales y hacer cambios de conducta de manera ampliamente reflexiva. Podemos elegir otros lugares donde recibir cuidado y cariño sin pagar el precio del daño. Ese afecto puede venir de amigos, de familia, de actividades que nos llenen, del cuidado que nos damos a nosotros mismos… y sí, incluso de ayuda profesional.

Si te das cuenta de que estás sufriendo en tu relación, aunque haya momentos buenos que te hagan volver, no te quedes solo. Habla con alguien de confianza. Cuestiónate lo que te mantiene ahí. Busca apoyo. Empieza de a poco: afirma tu vida en el cariño de personas que te quieren sin dañarte, y si lo necesitas, acércate a un profesional que te ayude a salir de ese ciclo.

Porque la vida no es un patio pequeño con un plato diario. Es un espacio abierto, con muchas formas de recibir amor, cuidado y paz. Y todas ellas están fuera de esa cadena.

¿Necesitas ayuda profesional?

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Hugo Huerta Fernández – Psicólogo especializado en rupturas de pareja.

Fundador de corazonroto®

2 comentarios en «Relación tóxica: ¿Por qué volvemos donde sufrimos?»

  1. Mil gracias por tu sabiduría y tu ayuda. Tus videos y contenido es muy bueno. Soy colombiana viviendo en Miami. Desde hace 6 meses estoy pasando el duelo de la pérdida de mi matrimonio de 15 años. Han sido los 6 meses mas duros de mi vida. Gracias, porque tus videos siento q son hechos para mi.

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