Cuando el dolor de una infidelidad se transforma en violencia

Hace pocos días, en Chile, ocurrió un hecho estremecedor. Una mujer, acompañada por dos amigas, se apostó frente a un motel para encarar a su esposo, quien salía del lugar junto a otra mujer. El objetivo era enfrentarlo. La emoción: furia, traición, dolor. Pero el plan se transformó en tragedia. En medio de un forcejeo, la mujer sacó un arma desde su vehículo y disparó. No fue el esposo quien cayó herido, ni la mujer con la que él estaba. Fue una de sus propias amigas, la que la acompañó en ese acto desesperado. Una bala atravesó no solo un cuerpo, sino varias vidas.

Podríamos quedarnos en la superficie, juzgando el acto, discutiendo sobre legalidad, condena o culpa. Pero lo que a mí me importa, como psicólogo que lleva casi 10 años acompañando procesos de ruptura y trauma vincular, es mirar lo que subyace a este tipo de historias: el dolor emocional que no encuentra cauce, la ausencia de herramientas internas para sostenerse en medio del derrumbe, la urgencia de una cultura que aún desvaloriza profundamente el mundo afectivo.


La infidelidad como trauma emocional

Cuando alguien descubre que su pareja ha sido infiel, no solo enfrenta un hecho concreto. En realidad, lo que colapsa es algo mucho más complejo: un sistema interno de seguridad. La persona traicionada no solo pierde al otro, sino que pierde su sensación de control, su confianza en la propia percepción, sus certezas.

La infidelidad puede activar heridas de apego antiguas, memorias de abandono, inseguridad crónica. Es una experiencia que sacude profundamente el sistema nervioso, y muchas veces, lleva a estados de desorganización emocional que pueden traducirse en ataques de pánico, pensamientos obsesivos, insomnio, impulsividad o desconexión del cuerpo.


¿Cómo llegamos al punto de disparar por amor?

Esta historia reciente, tan trágica y violenta, es una muestra cruda de lo que puede ocurrir cuando una emoción legítima —la rabia ante una traición— no tiene una vía saludable de expresión. Reaccionar no es lo mismo que responder. Y responder requiere una capacidad que no viene de la nada: la autorregulación emocional.

Desarrollar habilidades socioemocionales no es un lujo, ni un extra bonito para talleres de empresa. Es una urgencia vital. Saber respirar, detenerse, poner palabras al malestar, pedir ayuda, sostener la angustia sin hacer daño… son habilidades que literalmente pueden salvar una vida.

Lo llamaron «habilidades blandas». Pero no hay nada blando en resistirse al impulso de destruir al otro (o a uno mismo) cuando el corazón está roto. No hay nada blando en sostenerse con dignidad en medio del derrumbe. Eso es, de hecho, una de las expresiones más profundas de la fortaleza humana.


El amor no es un tema menor

Vivimos en una cultura que sobrevalora lo laboral y lo académico, mientras minimiza el sufrimiento amoroso. “Supéralo”, “hay cosas más importantes”, “no hagas drama”. Pero la verdad es que una ruptura amorosa puede doler más que la muerte de un ser querido, y la traición puede desorganizar la vida de una persona por años si no es adecuadamente procesada.

¿Dónde se habla de eso con seriedad? ¿Quién enseña qué hacer cuando sientes que no puedes más porque te abandonaron, te engañaron, o se fueron sin explicación? Muy pocas veces la respuesta es: “Busca un psicólogo”.


La psicología como sostén en lo invisible

En momentos como estos, donde el dolor emocional toma el control de nuestras decisiones, es cuando la psicología demuestra su verdadero valor. No es solo teoría. Es ciencia aplicada al alma herida. Es un espacio para pensar lo impensable, llorar lo que duele sin juicio, entender lo que nos sobrepasa y construir recursos para no actuar desde el abismo.

La terapia no es debilidad. Es madurez. Es compromiso con uno mismo. Es un acto profundo de dignidad personal.

Y si nadie nos enseñó a transitar rupturas con conciencia, si nunca aprendimos a decir “me duele” en lugar de gritar, dañar o hacer locuras, la terapia es el lugar para empezar a aprender.


Un acompañamiento para no caer solo

Desde hace casi una década, acompaño a personas que están enfrentando lo que para muchos es una de las experiencias más duras de la vida: una ruptura de pareja. No es una tontería. No es una etapa menor. Es un antes y un después en la vida de muchas personas.

Por eso, creé un espacio para acompañar estos procesos con respeto, conocimiento y humanidad. En mi sitio web, encontrarás contenido gratuito para aprender a regularte emocionalmente, comprender tus procesos, y también la posibilidad de acceder a terapia individual especializada.

Porque no estás solo. Y porque, cuando todo parece derrumbarse, tener alguien que te escuche, te comprenda y te ayude a pensar, puede marcar la diferencia entre repetir la historia o comenzar a sanar.


Te invito a reflexionar y, si lo necesitas, a buscar ayuda

Si estás pasando por una experiencia similar —si estás dolido, confundido, o reaccionando desde un lugar que no reconoces— detente. Respira. Escucha lo que estás sintiendo. Y considera la posibilidad de que no tienes que resolverlo todo solo.

La psicología está para eso: para acompañarte cuando más lo necesitas.

Te invito a visitar mi sitio web, donde puedes encontrar recursos gratuitos y también contactarme si sientes que ha llegado el momento de pedir ayuda, es facil de recordar: www.corazonroto.cl

 

Hugo Huerta Fernández
Psicólogo y Fundador de corazonroto® 

 

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