Deja que ese amor muera

¿Qué hacemos cuando seguimos amando a alguien que nos terminó?

¿Qué hacemos cuando la relación termina, pero nosotros seguimos amando?
¿Cuándo llega el momento de rendirse?
¿Cuándo llega el momento de empezar a abandonar y dejar morir ese amor?
¿Y cómo se hace?
¿Cómo se logra eso, si amar ha sido, por tanto tiempo, la manera en que aprendimos a estar vivos?

La persistencia del amor después del final

Son preguntas que todos, en algún momento, nos hacemos. Porque el cuerpo, la mente y el corazón no se apagan al mismo tiempo. La relación puede haber terminado hace meses, pero dentro de nosotros todavía se repiten los viejos gestos: mirar el teléfono esperando un mensaje, repasar conversaciones, imaginar reencuentros, recordar lo bueno. Son pequeñas conductas que siguen buscando algo… aunque ya no haya nadie del otro lado.

Qué es la extinción, en el lenguaje de la conducta

En psicología conductual, eso tiene un nombre: extinción.
La extinción ocurre cuando una conducta deja de recibir el refuerzo que antes la mantenía viva. Por ejemplo, si saludas a alguien cada mañana y esa persona deja de responderte, con el tiempo —quizás después de insistir varias veces— dejarás de hacerlo. Al principio duele, desconcierta, incluso irrita. Pero, poco a poco, el cuerpo aprende que ya no tiene sentido insistir, y la conducta se apaga.

El amor como conducta: amar es hacer

El amor, desde esta mirada, también es una conducta.
No un sentimiento abstracto ni una etiqueta romántica, sino un conjunto de acciones amorosas: cuidar, atender, buscar, imaginar, preocuparse, esperar. Amar, al final, es hacer.
Y cuando la relación termina, lo que realmente nos duele no es sólo la ausencia del otro, sino la inercia de seguir amando a través de esas conductas que ya no encuentran respuesta.

Extinguir el amor: dejar de hacer, poco a poco

Extinguir el amor —o más precisamente, extinguir las conductas de amar— no es un acto súbito, ni un gesto de frialdad. Es un proceso paulatino, un ir dejando de hacer, poco a poco, lo que antes hacíamos con devoción.
Reducir la frecuencia con que miramos sus redes, acortar las conversaciones imaginarias, limitar el tiempo que pasamos reviviendo recuerdos.
No porque haya que olvidar —no se olvida a quien fue importante—, sino porque el sistema necesita descanso.

El dolor del proceso y el alivio que llega después

Y sí, la extinción duele.
De hecho, en el aprendizaje, siempre hay un momento en que la conducta aumenta antes de desaparecer: se llama estallido de extinción. En el amor, eso también ocurre. A veces, justo antes de soltar, insistimos con más fuerza. Buscamos, escribimos, recordamos, lloramos más que nunca. Pero luego, lentamente, llega el silencio. El cuerpo se rinde, la mente se aquieta, y el corazón deja de esperar refuerzo.

Cuando el amor descansa

Eso no significa que el amor no haya existido. Significa que cumplió su ciclo. Que aprendimos lo que teníamos que aprender. Que ahora podemos retirar la conducta de amar sin culpa, sin odio, sin dramatismo, sólo con el reconocimiento de que esa historia ya no necesita de nuestras acciones para seguir siendo valiosa.

Extinguir el amor no es matarlo:
es dejar que descanse.

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Hugo Huerta Fernández – Psicólogo especializado en rupturas de pareja.

Fundador de corazonroto®

 

5 comentarios en «Deja que ese amor muera»

  1. gracias! Hugo por dejarnos entrar en este espacio de refugio que es tu blog. Leer estas palabras me ayuda mucho. Empiezo a entenderme.
    Estoy del otro lado de la Cordillera. Y siguiendo tus consejos intenté crear un nuevo recuerdo de experiencias vividas con el amor de mi vida: el fin de semana pasado me fui sola a Chile. Nunca fui sin él. Y la última vez que fuimos juntos s Curiñanco, fue cuando me propuso recomponer nuestra relación de 35 años de matrimonio, para luego, dos meses después, descubrir que me era infiel. Yo estaba feliz pensando que por fin haríamos algo juntos para estar bien, y me rompió el corazón. Mientras yo luchaba él me engañaba. Me traicionó. Me mintió. Y me dejó con esa esperanza que él mismo se encargó de que yo tuviera: estar bien juntos. La confusión que me generó fue tan cruel que aun hoy me cuesta entender.
    No me habla más. No me saluda por la calle.
    A veces pienso si estoy viva. Porque todo me cuesta un horror

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  2. mi esposo me fue infiel hace dos meses y me dejó prácticamente en la calle .. matrimonio de 9 años. perdió sentido mi vida y no puedo dejar de pensar que quiero regresar a mi hogar, me siento tonta por qué el está con esa mujer y está como si nada. me duele el orgullo y el corazón..pensar que tengo que divorciarme me parte el alma

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    • Gracias por visitar mi contenido y sobre todo por compartir tu experiencia. Espero que este sitio sea siempre un refugio para ti. Un abrazo

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  3. En mi caso, nada es «normal». En diciembre se cumplen 5 años, desde que el decidió poner fin a 20 años de relación. Ambos tenemos más de 60 años, pero nunca hemos dejado de hablar, él ya me superó, pero yo sigo pegada, es muy triste pensar en terminar mi paso por esta vida, lejos del hombre que más he amado. La verdad, es que estoy enfermando y no logro soltar.

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    • Silvana muchas gracias por tu testimonio, por supuesto que es todo un desafío el desapego de alguien con quien has estado en una relacion durante tantos años. Espero que mi contenido te sea siempre de utilidad.

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